Pensar en Grande

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El año pasado tuve la distinción de ser invitado para fungir como juez en un concurso internacional de diseño de software en Polonia. Honestamente yo fui el más sorprendido de que me hubieran invitado: estar entre el grupo de 40 jueces de, literalmente, todas partes del mundo fue una experiencia increíble y que también me ayudó a centrarme como profesionista y como persona. Las otras 39 personas son profesionistas de muy alto nivel y de una experiencia muy variada, desde ingenieros y arquitectos hasta profesores e investigadores, pasando por personas de negocio, expertos en usabilidad, diseño y varias disciplinas más. El haber podido convivir con ellos durante diez días revisando proyectos, deliberando, aprendiendo -y a veces también discutiendo- ha sido una de esas experiencias que han marcado un punto clave en mi vida y que  la han cambiado para siempre.

Al ser el concurso un evento internacional también fueron a competir varios equipos de latinoamérica, incluyendo un par de equipos de México. Evidentemente yo no podía revisar los proyectos que venían de mi país para asegurar la imparcialidad, y de hecho sólo me toco ver un proyecto de la región, así que ya no tuve oportunidad de ver los proyectos que se presentaron por latinoamérica más allá de sólo leer las propuestas de manera breve, lamentablemente ninguno de los equipos de latinoamérica logró pasar la primera ronda de la competencia, con excepción de un equipo de Brasil que fue descalificado en la segunda ronda.

Cuando terminó la competencia, en mi afán de entender un poco más la razón por la que los equipos de latinoamerica no habían avanzado más lejos en el concurso -algo que, tengo entendido, siempre ha pasado de menor o mayor grado-, me acerqué a algunos de los jueces que habían revisado los proyectos de mi región para pedirles retroalimentación: ¿las presentaciones fueron malas? ¿Es un tema del dominio del inglés? ¿Las ideas no eran suficientemente originales o convincentes? ¿Eran los planes de negocio o las proyecciones financieras?

“No es un problema con las presentaciones o con el idioma“, me dijeron los jueces, “ni de la planeación del negocio o la originalidad de las ideas, la verdad es que los latinos -y los mexicanos- son bastante originales y creativos. El problema con los latinoamericanos es que no piensan en grande, todas sus propuestas fueron tímidas, chiquitas. Este es un concurso mundial y los premios grandes se los llevan las ideas grandes. Les estamos pidiendo que imaginen soluciones que puedan cambiar al mundo y nos muestran propuestas que sólo funciona en sus ciudades o países cuando mucho“.

La respuesta me dejó frío. Al principio sentí enojo, negación, pero al final entendí que lo que los otros jueces me dijeron es cierto, los mexicanos y los latinoamericanos en general no estamos acostumbrados a pensar en grande, en gran medida por que nadie nos enseña o nos motiva a hacerlo. Por el contrario, en mi experiencia, las personas con grandes ideas son callados y dejados de lado desde que están en la escuela y también después cuando están en algún trabajo. Si eventualmente llegan a tener un puesto de toma de decisiones prefieren tomar las opciones simples y seguras en lugar de arriesgarse y hacer cosas nuevas, al menos de vez en cuando.

Pensar en pequeño es fácil, es cómodo y es seguro. Pensar en pequeño no tiene riesgo. Los estudiantes sienten que pasar con 7 u 8 es suficiente; los empleados sienten que tener trabajo ya es bastante razón para estar agradecido; los empresarios prefieren un negocio pequeño pero estable y le apuestan a cosas que están probadas y funcionan.

Pensar en grande atrae críticas, burlas, rechazo, y si hay fracaso al final, el ridículo. Todo es cierto en nuestro país y en nuestra región, pero tenemos que aprender a ver más allá, porque pensar en grande, si bien trae riesgos, también trae grandes recompensas y satisfacciones. No todas las grandes ideas se vuelven realidad, pero con que unas cuantas se materialicen los otros fracasos valen la pena, y la única manera de hacer cosas grandes es con práctica.

¿Crees que piensas en grande? ¿Realmente en grande? Pensar en hacer cosas grandes y nunca hacerlas tampoco cuenta. No me refiero a sueños imposibles de alcanzar, sino a pensar en algo, estirarlo hasta sus últimas consecuencias y después poner manos a la obra. Si ni siquiera podemos imaginar cosas grandes, ¿cómo podremos hacerlas realidad?

Tenemos un gran reto cultural de superar el miedo y la aversión a arriesgarnos a hacer cosas que puedan dejar huella, crear impacto y que cambien al mundo. Nadie puede ayudarnos sino nosotros mismos, como personas, como comunidades, países y como región.

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2 pensamientos en “Pensar en Grande

  1. Hola Mauricio. Ya el hecho de que te invitaran a ser juez indica que eres de los que piensan en grande. Aunque sin duda es rudo reflexionar sobre ese tema. Me toca fibras sensibles en una etapa de muchas interrogantes, de preguntarme por qué no me atreví a tomar más riesgos en algunos asuntos. Después digo: ahora sí. Venga el reto y luego, puede ser que regrese a la zona de confort. Hay una raíz psicológica que da para un debate largo. Excelente reflexión. Saludos de Claudia Herrera.

    • Gracias por tu comentario, Claudia. En algún momento a todos nos toca -al menos una vez- vivir algo que nos sacude en lo más íntimo, y es porque el cambio está cerca y es tan evidente como inevitable. Cuando llega ese momento es justo cuando vale la pena arriesgar y apostar en grande. Cuando pase todo es mejor aprender de lo que hicimos que lamentarnos por lo que dejamos de hacer. ¡Saludos y suerte!

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