Archivos Mensuales: noviembre 2005

Mallrat

El dia de hoy decidí salir de mi casa y cambiar de aire por un rato. Estoy desde hace cuatro horas trabajando y escribiendo desde un café en Plaza Santa Fe en mi hermoso smartphone, y aparentemente hay pocas cosas que no pueda hacer aquí: estoy escribiendo, bloggeando, monitoreando un par de servidores, navegando en la Web…

¡Me encanta la tecnologia!

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El complejo de Caín

Uno de esos comportamientos repetitivos que uno ve una y otra vez con el paso del tiempo es aquel donde uno conoce dos buenos amigos de mucho tiempo y que siempre se apoyan, se ayudan y juran al mundo que están mas unidos que si fueran hermanos, sólo para descubrir mas tarde que uno de ellos siente una enorme envidia que raya en resentimiento hacia el otro y por cualquier razón: porque el otro es mas cool, mas inteligente, mas simpatico, mas geek, mas nerd, mas exitoso o porque tiene mas suerte con las chavas. Lo peor de todo es que ese resentimiento nunca es expresado (ni canalizado apropiamente) y poco a poco se va conviertiendo en rencor y mas tarde en odio (yup, odio), y pronto el unico objetivo en el mundo de una persona asi es destruir, humillar y sobrepasar al amigo que muchas veces es totalmente ignorante de la situación.

Sin dármelas de psicólogo, yo llamo a este comportamiento ‘El Complejo de Caín‘, por obvias razones.

Desgraciadamente esta es una situación que me ha tocado ver muchas veces e incluso vivir en carne propia. ¿Qué puede orillar a un amigo tan querido y cercano a convertirse en nuestro peor enemigo?

En una sociedad como en la que vivimos se nos enseña a competir desde pequeños contra propios y extraños, y se nos condiciona a que sólo hay un primer lugar y a que los demás son para los perdedores y los tontos. En muchos casos se nos ensena que para ganar se vale jugar sucio y mientras nadie se de cuenta es perfectamente válido hacerlo, por lo tanto, ‘convencer‘ a alguien a que nos ayude a llegar al primer lugar para despues botarlo no suena tan horrible cuando, como dicen, ‘ganar es lo unico que importa‘.

Además, muchas personas se compran aquello de que ‘la vida no es justa‘ y aborrecen a aquellos que tienen algún talento o habilidad natural que ellos querrían tener: ser más alto, poder comer sin engordar, ser buenos en los negocios, o sencillamente tener ‘buena suerte‘.

Al pensar un poco sobre este asunto, no tardo en recordar como acabó la historia de Caín y Abel y que la moraleja al final es que realmente nadie gana: Abel se queda muerto y Caín cae en desgracia y es marcado por Jehova y despreciado por su familia. En una situación de amistad, asociación, trabajo o cualquier otra debemos darle su justo valor a la confianza que se deposita en nosotros y a detectar a ese Caín que puede estar escondido detrás de una sonrisa falsa.

Debemos recordar que la confianza es como la inocencia: una vez perdida, es imposible recuperarla.

Don’t be Evil

Me encanta esta frase… y es tan útil para llevar una vida sana. Desgraciadamente no veo que en los negocios de alto nivel aplique, y realmente parece que los golpes bajo no sólo son permitidos, sino hasta recompensados. Digo, ¿alguien puede explicarme que esperan obtener:

Ejemplos hay varios y en (casi) todos el móvil es el mismo: simple y plena avaricia, que en el caso de acciones como Sony le están costando muchísimo en dólares y en reputación cuando la otra opción es más simple: don’t be evil.

A Glimpse of Fate

Nicolás, el hermoso gato siamés de mi ex-vecino Héctor, murió hace unos días a los 17 años.
Descance en paz.

Educación y cultura digital en México

Hace un par de días terminé de leer “The Google Story” de David Wise y Mark Malseed, en busca de un poco de inspiración y sabiduría, y aunque el libro está escrito en el más puro estilo propagandista (está mucho más interesante The Search, de John Battelle, que es el que estoy leyendo estos días) tiene muchos datos anecdóticos que vale la pena conocer. En mi caso me interesaba saber cómo fué que Google se sobrevivió la ruptura de la burbuja Web en 2000-2001, si no por otra cosa porque en esa época recuerdo haber visto muchas empresas Web en México que tronaron horriblemente.

Bueno, la cuestión no es tan romántica como a algunos les gusta pensar: Larry Page y Sergei Brin no eran precisamente pasantes del Poli de la UNAM, eran entonces estudiantes de posgrado de la Universidad de Stanford, en el corazón del entonces naciente Silicon Valley, y estudiantes avanzados e inteligentes por lo que cuentan. Gran parte del apoyo para darle el empujón inicial vino por parte del rector de Stanford que los puso en contacto con personas clave de la industria y los ayudó a conseguir el financiamiento ($100,000 USD) para empezar. Después fue cuestión de ir haciéndose de otros ingenieros que se quedaron sin trabajo cuando explotó la burbuja.

Por supuesto, yo recuerdo exactamente la clase de apoyo que la universidad (yo estudié en ESIME del Poli) nos daba a los estudiantes: ninguno. Teníamos equipo viejísimo (hasta 486) y desactualizado, no había cableado de red y algunos maestros tenían ‘precio de pase’ obligatorio, ya fuera en efectivo, trabajo gratuito o cosas por el estilo. Recuerdo con desagrado que el último año y medio apenas me paré a tomar clases, aunque me fascinó trabajar mi tesis con los maestros de posgrado.

Saliendo de la universidad las cosas no son muy alentadoras: las escuelas públicas en México gradúan técnicos para maquila, no profesionistas con preparación para abrir un negocio de ningún tipo, y en México no hay parques industriales estilo ‘Silicon Valley‘ en los cuales uno pueda trabajar, tomar experiencia o hacer relaciones con gente del medio.

Incluso muchas de las comunidades de desarrolladores e ingenieros en nuestro país están plagadas de vicios, favoritismos y elitismo, y cuesta mucho trabajo rodearse de personas que deseen aprender y compartir en lugar de acaparar y arrebatar, y los grandes corporativos transnacionales están a la casa de talentos para pagarles $12 USD la hora de desarrollo.

Visto de esta forma, es difícil que un fenómeno tecnológico/empresarial/cultural como Google pueda ocurrir en México, si no por otra cosa porque nuestros mentores nos lo han dicho así una y otra vez, porque a las empresas les interesa más lavarles el cerebro a los jóvenes y porque realmente a nadie le importa un carajo la situación, mientras tengan para vivir bien.

Sin embargo tengo mis esperanzas altas, e incluso sé que en mi antigua escuela muchas cosas están cambiando –lentamente, cierto, pero hay cambio. Ojalá pronto veamos un empresa mexicana de tecnología en la Bolsa de Valores o exportando conocimiento en lugar de materias primas y lo mejor, ojalá que el compartir, el ser honestos y que el lema de los fundadores de Google ‘don’t be evil‘ sean ideas con las que vivamos a diario en nuestros trabajos.

Frecuencia Cero: podcasting en serio

El día de ayer fue no solo el evento para festejar los 10 años de InterPlanetla empresa mexicana relacionada al Internet má longeva en nuestro país-, sino que también fue la presentación de su nuevo proyecto: Frecuencia Cero.

Frecuencia Cero es, en sus propias palabras:

“la primera opción formal de producción y distribución de contenidos de audio con tecnología Podcast en México. Es tu mejor opción si no encuentras satisfacción en la oferta de la radio abierta. Es un medio de comunicación alternativo a los medios tradicionales. Es la otra radio. Nuestros programas son producidos y conducidos por gente profesional y talentosa con vasta experiencia en la producción radiofónica que no se somete a una línea editorial.”

Bajo la dirección de Edgar Luna y René Palacios, Frecuencia Cero empieza transmitiendo (¿podcasteando?) seis nuevos y relucientes programas:

  • Imposible estar de acuerdo (cada lunes): podcast de política que no es políticamente correcto, por René Palacios.
  • Pregúntale a Mónica (cada martes): consejos para una vida (mentalmente) sana, con la psicóloga Mónica Bulnes de Lara.
  • EON 4.5 (cada miércoles): por deformación profesional, este es mi favorito. Tecnología, cibercultura y todo lo que un geek quiere escuchar, con Antonio Quirarte y Juan Ramón Ruelas. Recomendado para niños de 11012 años en adelante.
  • CinemaNet (cada jueves): yup, recomendaciones de películas, estrenos, películas de recuerdo y cosas afines, con Carlos de Río y Roberto Ortiz.
  • Testigos del Crimen (cada viernes): ¡Este está genial! Es CSI hecho podcast, con un forence (Roberto Coria) y una criminalista (Guadalupe Gutiérrez) de verdad, contando historias de verdad.
  • En la Historia (cada sábado): ah, la historia de México (país y ciudades) por el historiador Roberto Jiménez.

¡Esto es creatividad y ganas de hacer las cosas y no pedazos! De los podcast en español que he escuchado, estos son de los pocos hechos con ganas de innovar y de entregar un producto bueno, bonito, gratuito y bien hecho. Si a esto le sumamos que cada podcast tiene su propio blog, este es un proyecto que promete.

Claro, hay algunos detalles como mejores métodos de suscripción a los podcasts y un par de cosas más, pero tengo confianza en que los arreglarán poco a poco.

¡Estos son excelentes días para tener un iPod!

Wikificciones.com: un wiki para SciFi

En numerosas pláticas que he tenido con algunos webmasters, escritores y quiméricas mezclas de ambos, casi todos están de acuerdo de que los sistemas Wiki son sistemas algo avanzados para los autores latinoamericanos: por un lado se encuentran los escritores más viejos que están perfectamente contentos con transcribir las notas de sus cuadernos en un procesador de palabras mientras maldicen entre dientes a la tecnología, y por el otro están las cuestiones de los egos, las cofradías de poder, las corrientes encontradas que nulifican los intentos de colaboración… Por lo general estas pláticas terminan cuando alguno de los asistentes patea la mesa para que todos se callen y el asunto termina en el suelo junto con algunos dientes.

Personalmente, creo que la mente latinoamericana apenas se está abriendo a este tipo nuevo de expresiones creativas: todos empiezan con los foros, de ahi se pasa al chat, y de ahí a los blogs, pero el Wiki sigue siendo un ente raro porque casi nadie lo ha visto antes ni ha trabajado en él.

Lo que resalta de un WikiWeb no es precisamente la tecnología, sino la filosofía de trabajo que hay en los miembros de su comunidad: una filosofía de cooperación y colaboración para entre todos esculpir el bloque de mármol y que cada vez se parezca más a un elefante, un golpe a vez. En este caso, como en solo otros pocos, el todo es mayor a la suma de sus partes.

¿Cómo se podría, entonces, colaborar en un Wiki para Sci-Fi? Creo que la mejor opción es escribiendo algo: una pequeña historia dentro de ciertos límites definidos, digamos, 1,800 palabras. Una vez escrita la historia la dejaría para que otros escritores le pusieran o quitaran comas, acentos y uno que otro adverbio e incluso tal vez que agreguen un pequeño personaje adicional o un twist diferente al final. Al regresar algunas semanas después pensaría: “Mmm, muy buenos cambios, excepto este o este… y no sé que estaba pensando, esto no va aquí, esto me sirve para otra historia… ¡Hey! Puedo tomar un personaje prestado de otro cuento e insertarlo discretamente aquí“.

De esta manera las historias se mantendrían frescas todo el tiempo pues estarían cambiando constantemente. Sería como si escribiéramos historias con una tinta maniática e hiperactiva que nunca se seca y que nunca se queda quieta. Al final se crearía un pequeño fic-verso de historias autocontenidas de excelente calidad, en el que todos participan como escritores, co-escritores, editores, lectores y críticos. ¿Cómo puede salir algo mal de esta forma?

Antes los escritores solían decir: “para escribir solo hace falta algo que decir“. Yo añadiría que en estos tiempos solo es necesario “tener algo que aportar“. Si pueden, den una vuelta por WikiFicciones.com y veamos que sale.

¿Dónde está la Confianza?

Hace poco más de un año recibí una invitación para participar como ponente en un evento de divulgación de Software Libre. Al final del evento un par de chavos* se me acercaron y me mostraron un demo de un sistema que estaban desarrollando para e-Learning que deseaban comercializar pero que no tenían mucha idea al respecto y querían que yo los asesorara al respecto.

No es que yo sea un gurú en negocios de tecnología, pero tengo algo de experiencia en el medio y conozco muy bien los modelos y filosofía alrededor del desarrollo con código abierto, así es que acepté en ayudarlos y asesorarlos en la medida que me fuera posible y sin ningún cargo extra. Como he comentado antes, me encanta la creatividad y la gente creativa.

Una semana después nos reunimos para evaluar las posibilidades del producto, sus espectativas y experiencias, para evaluar el resto de las funcionalidades de su sistema. Estos chavos llegaron casi una hora tarde a la cita y llegaron sin laptop, carpeta, propuesta o presentación: solo ellos y su alma. Inmediatamente me empezaron a contar sobre las ‘bondades‘ de su desarrollo, los enormes planes que tenían para el mismo cuando empezaran a capitalizarse y enseguida empezaron a contarme las ‘horribles‘ experiencias que habían tenido cuando intentaron venderle su sistema a escuelas de alto nivel como el Tec de Monterrey, la Ibero y otras por el estilo, denunciándolas como ‘elitistas y explotadoras‘.

Pero yo seguía sin ver nada en concreto. Cuando les solicité más información sobre la funcionalidad del sistema, proyecciones, un plan de trabajo o algo similar me salieron con que “no podemos mostrarte nada porque puedes robarte nuestras ideas y cómo eres programador te vayas a piratear nuestro producto“.

Me quedé estupefacto. ¿Que clase de ayuda querían entonces? Les contesté que yo no podía promover algo que apenas había visto, que nunca había probado y que ni siquiera estaba terminado. Caramba, no les estaba pidiendo su código fuente –aunque según ellos querían moverlo en un esquema ‘libre’-, sino únicamente especificaciones claras y conscisas del desarrollo. Su respuesta fué “lo sentimos pero no te conocemos lo suficiente ni te tenemos confianza para entregarte más datos“.

En ese momento hice lo único que podía hacer: levantarme sin decir una palabra y retirarme. A la fecha sigo sin entender que clase de ayuda esperaban de mí, o siquiera como esperaban que los ayudara si no querían mostrarme su desarrollo o datos duros del mismo.

No he sabido nada de ellos desde entonces, y tampoco he visto noticias ni comentarios sobre su desarrollo, así que no creo que su ‘negocio‘ haya prosperado como ellos esperaban. Una verdadera lástima, pero mientras haya personas que crean que así se hace un negocio, será difícil que alguno de ellos pueda tener algo que se parezca al éxito.

* (He omitido deliberadamente los nombres y datos de los involucrados).

A Glimpse of Fate

Mis estimados cursarios en el taller de Dreamweaver/PHP/MySQL que impartí hace algunas semanas en Palacio de Minería. Si todo salío bien estos días ya deben estar haciendo aplicaciones Web con LAMP.

Chilli’s World (y otras historias)

Como comentaba hace algunos días, lo mejor del Web es que permite que muchas personas con talentos literarios, artísticos, musicales o de cualquier otro tipo puedan exponer su trabajo con el mínimo de esfuerzo y sin censura editorial. El resultado de esto es que tengamos acceso a material hasta hace poco reservado a oscuros y raros fanzines, armados con fotocopias que muchas veces era imposible conseguir o predecir su periodicidad. La Web hace visible material nuevo, innédito y original, siempre que uno sepa donde buscarlo.

Un perfecto ejemplo es Chilli’s World, el cartón cómico semanal de pingüinos en el Polo Polar del buen Santiago Casares.

Conozco a Santiago (‘Chilli‘ para los cuates) desde que los cartones de Chilli’s World colgaban de un panel de corcho o de la puerta del refrigerador, y puedo afirmar que es una persona con muchas inquietudes artísticas (¡si, esto de los comics es arte!), además de ser un diseñador gráfico bastante respetable. Es posible ver algo de su trabajo fotográfico en su blog junto con algunas historias cortas. Lo más increíble es la sensibilidad de Santiago para en cada imagen contar también pequeñas historias sin necesidad de texto o continuidad.

Lo mejor de todo es que Chilli entiende que en este tipo de negocio andar solo no es lo más conveniente, y hace un año (¿o eran dos?) junto con varios amigos suyos que incluyen a Tony Sandoval, Luis Sopelana Luis Zopelana, el buen Albion y otros talentos jóvenes publicó Urban Dreams, una antología de pequeñas historias, y que puede conseguirse por escasos $8.00 dolarucos vía PayPal. Si quieren una probada, aquí hay un pequeño preview. Santiago también colabora en sus ratos libres en el blog La Hoguera de las Necedades.

Realmente es refrescante poder disfrutar de un trabajo tan creativo: es enormemente refrescante y realmente espero que el buen Chilli siga echándole ganas (por aquello de la perseverancia), ya que el trecho andado empieza a mostrar los frutos.

Mientras, sigo esperando la secuela de Urban Dreams