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La apatía del clictivismo

Clicktivismo

Las redes sociales han logrado en la última década darle voz a los que antes no la tenían. Gracias a Twitter, Facebook, YouTube, Instagram y muchas más plataformas de publicación en línea, cualquier persona con acceso a internet puede compartir sus ideas y puntos de vista con literalemente todo el planeta de manera instantánea. Las nuevas “Tribus” se basan en el concepto de que los grupos de personas afines ya no están limitadas por la geografía para conocerse, estar en contacto, compartir opiniones u organizarse.

La web se ha vuelto rápidamente una plaza pública donde las ideas fluyen libremente y donde la discusión en general es propositiva en todos los ámbitos del conocimiento humano, desde ciencia y tecnología hasta arte y política. Casos como la llamada “Primavera árabe” demuestran que si es posible que la gente de un país puede organizarse por medio de redes sociales para derrocar un gobierno inneficiente. Poco a poco nos damos cuenta de que lo hacemos en digital tiene repercusiones en el mundo físico.

Como contraparte de todo esto surge el llamado “Clictivismo“, una reinterpretación del activismo pero con lógica consumerista y mercadológica donde el llamado a la acción se limita dar “like” o “retweet” a una causa publicada en la web. El término “clictivismo (clicktivism)” fue acuñado por Micah White en 2010 como una derivación de “slacktivism“. El clictivismo busca promover el mensaje de una causa (como el cese de las corridas de toros, por ejemplo) por medio del respaldo de los usuarios en una red social, pero solo eso. Los clictivistas solo comparten, apoyan o comentan el mensaje de lo causa pero ahi termina la cosa.

El clictivismo da a las personas la misma satisfacción y empoderamiento moral que haber participado activamente en una causa pero con mucho menos esfuerzo y trabajo. Firmar una petición en un sitio web es mucho más sencillo y menos comprometedor que enviar apoyos o asistir a una manifestación o marcha, y su impacto también es mucho menor en todos los sentidos.

El “éxito” de una campaña clictivista se mide por la cantidad de personas que vieron o promovieron el mensaje, porque busca simplemente comunicar e informar a la sociedad pero no puede ir más lejos. El clictivismo produce un impacto terrible en la sociedad porque hace creer a la gente que dar likes, tweetear o compartir algo realmente ayuda a alguien, cuando en realidad solo produce ruido en lugar de acción.

Un caso de clictivismo famoso fue la campaña Kony 2012” de la fundación Invisible Children, en la que por medio de un video promovían la captura del guerrillero africano Joseph Kony a quien acusan, entre otras cosas, de secuestrar niños y entrenarlos para ser soldados desde pequeños. Aunque la causa es loable, muchos acusan a la fundación de utilizar su influencia para vender brazaletes y playeras con el pretexto de que ese dinero será utilizado para ayudar a los niños en África, algo de lo que nunca rindieron cuentas de manera clara, mientras Kony sigue libre. Para la gente que donó dinero a la fundación el proceso de apoyo se acaba cuando compran su kit de ayuda y se quedan satisfechos de que han “ayudado” a que el mundo sea un lugar mejor, y hasta tienen la playera para demostrarlo:

kony_2012_kit_accion_playera_pulsera

¿Activismo o consumerismo? Hoy le puedes pagar a otros para que arreglen el mundo por tí.

Internet, la Web y las redes sociales tienen el potencial para cambiar al mundo, pero solo si tomamos acción en el mundo real. Dar clics en un sitio web no tiene un impacto positivo y nos aleja y desensibiliza de la realidad en la que vivimos. Si van a regalarle su atención a alguna causa háganlo de una manera firme y comprometida, no como turistas. 

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Firma la petición para hacer el SAT más usable

Home del SAT por el W3C Validator
Dicen que “los mejores registros de un gobierno son los de los impuestos” y puede que sea verdad, pero hablando de sitios web, apps móviles y servicios digitales los de los gobiernos -y los de los impuestos- casi siempre son los peores, particularmente en los tema de diseño, usabilidad, accesibilidad y en general, de todas las disciplinas relacionadas con el tema de Experiencia de Usuario.

En México el tema fiscal es uno que nunca está bien, especialmente en la web: el Servicio de Administración Tributaria (SAT) parece no entender como funciona la tecnología a pesar de las inversiones gigantescas que hace en este rubro y año contra año hay problemas para hacer declaraciones de impuestos, generación de facturas o cualquier trámite. En pleno siglo XXI estar bien con el fisco parece que todavía es privilegio de contadores y una pequeña elite que entiende las reglas y los huecos en ellas.

Para los contribuyentes, ya sean personas físicas con actividad empresarial o empresas atender los requerimientos del SAT es algo oscuro y complejo que muchas veces es un trabajo de tiempo completo: sitios y aplicaciones mal hechas, mal diseñadas y mal documentadas, con textos, guías y manuales escritas en un lenguaje inaccesible para la mayoría de la gente -confieso, yo entre ellos- y que se interponen en el trabajo de cada día. La experiencia de un usuario interactuando con sus sitios es nefasta, por decir lo menos. La gente prefiere delegarlo a alguien que entienda los misterios fiscales y lo que no pueden deciden que es más sencillo no hacer nada.

La situación digital del SAT es muy grave por un buen número de razones, entre ellas:

  • No facilita la relación entre el gobierno y la ciudadanía.
  • Es inaccesible para personas con capacidades limitadas o diferentes.
  • Favorece la opacidad y dificulta la transparencia y la rendición de cuentas.
  • Aliena a los ciudadanos que desean cumplir sus obligaciones fiscales.
  • Alienta la informalidad y el incumplimiento.

…y muchas, muchas razones más, entre ellas, que es simplemente irritante y doloroso siquiera intentar hacer algo.

Después de desperdiciar muchas horas y de intentos infructuosos de hacer que el SAT -o al menos los encargados de sus sitios web- me hagan caso sobre el tema, es que decidí crear una campaña en Change.org con el título SAT – Servicio de Administración Tributaria de México: Exigimos que los servicios web, móviles y digitales del SAT sean usables y accesibles“:

En 2007 el Gobierno de México dió un paso adelante de otros países de Latinoamérica al comprometerse a tener sitios más usables y accesibles para los visitantes.

El 26 y 27 de julio de ese año se firmó en Monterrey, México, el Primer Manifiesto sobre Usabilidad y Accesibilidad para los Portales Gubernamentales Mexicanos. Creemos que es algo importante que el Gobierno de un país se interese en que los sitios oficiales de sus entidades sean más accesibles y sigan reglas de Usabilidad, algo que muchas instituciones del Estado desconocen que existe.

Esto se dió en el marco de Seminario Internacional de Usabilidad y Accesibilidad para la Web en donde el Gobierno se comprometió, entre otras cosas, a lo siguiente:

  • Asegurar el acceso democrático, inclusive a personas con discapacidad, a los portales gubernamentales cumpliendo con los estándares del W3C.
  • Facilitar la creación, el archivo y la administración del contenido utilizando sistemas accesibles.
  • Asegurar que el contenido y los servicios sean fáciles de encontrar, descubrir y usar según las mejores prácticas de diseño y desarrollo web.
  • Aprovechar el potencial de las tecnologías de información para mejorar la atención a los ciudadanos.

A más de cinco años de este acuerdo, el portal web y los sitio del Sistema de Administración Tributaria (www.sat.gob.mx) siguen sin cumplir los lineamientos mínimos firmados en el acuerdo, e inclusive han empeorado.

Los ciudadanos de México exigimos que los servicios web, móviles y digitales del SAT sean usables y accesibles para honrar el compromiso de transparencia y usabilidad de los servicios de gobierno de nuestro país.

La petición se puede firma en Change.org y solo quiero conseguir 100 personas que estén de acuerdo para preparar una propuesta y llevarla al SAT con la esperanza de que hagan algo al respecto.

¡Ojalá pase algo! Publicaré las actualizaciones y mis análisis del problema acá mismo.

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La realidad está rota

Cristal roto

Escribí hace algunos meses un artículo para MSN sobre cómo los videojuegos pueden ayudar a salvar al mundo en el que citaba las ideas de Jane McGonigal sobre que para los jóvenes “la realidad está rota” porque no se les permite participar de forma activa o importante en la solución de los problemas del mundo hasta que son mayores de edad; antes de eso único su “trabajo” es estudiar y preparase para cuando sean adultos. Esta es una de las razones por las que los jóvenes, exiliados de la realidad y forzados a ser solo espectadores quejosos mueven sus inquietudes y energía en los videojuegos, ya que ahí pueden hacer lo que sea: salvar a la princesa o al mundo, explorar el espacio y vencer a los malos. Debido a esta disfunción de la sociedad esta década tendremos la mayor cantidad de videojugadores de la historia.

¿Qué pasa cuando los jóvenes crecen y pueden participar activamente en los problemas del mundo?

Aquí la historia se complica aún más: para los jóvenes adultos el mundo es una combinación de decisiones y circunstancias en las que ellos no pariticiparon ni fueron consultados, y que tampoco pueden cambiar de un día para otro. Aunque unos cuantos sobresalen y llegan a tener un impacto significativo en sus sociedades desde una edad temprana, el grueso de la población juvenil no le queda de otra más que asumir las decisiones que otros han tomado por ellos y darles seguimiento, ya que como “jóvenes adultos” solo se les permite participar siempre que sigan las reglas que ya están establecidas. Contravenir el orden establecido puede ocasionar aislamiento y rechazo de la sociedad hacia ellos que no todos logran superar, lo que los convierte en parte del sistema y perpetúa vicios al tiempo que hace más difícil que las cosas cambien.

La dinámica de los videojuegos se vuelve eventualmente un problema, porque si en los juegos las personas encuentran retos que generan un “stress controlado“, al final los problemas del videojuego siempre pueden ser resueltos de una forma de otra ya sea preguntando, buscando cheats en internet o comprando libros o guías para terminar los juegos. Aunque estas “técnicas” son aborrecidas por los jugadores serios (hardcore gamers), muchos jugadores casuales suelen hacer uso de ellas para simplemente evitarse el trabajo de ganar por mérito propio bajo la premisa de que “lo importante no es saber, sino conocer al que sabe“.

La industria de los juegos casuales en un intento de monetizar su trabajo ha generado la trampa de “Paga para Ganar” (Pay to Win o P2W) en la que pueden resolver los juegos pagando para simplificarse el camino y tener buenas puntuaciones con la menor complejidad posible. Si los videojuegos son simuladores de la realidad y queremos verlos como herramientas educacionales, entonces se le está enseñando a los jóvenes que la forma más simple de superar un problema es pagando, lo que desvirtua la idea original del juego de aprender superando dificultades, condicionando el Epic Win a un pago con dinero real.

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Como adultos, los jóvenes jugadores experimentan la frustración de que en el mundo real no es tan sencillo generar dinero y de que los obstáculos no pueden pasarse robando respuestas en libros o en internet, lo que ocasiona que se “retiren” del juego: es más sencillo obedecer las reglas al mínimo para obtener un resultado mediocre que esforzarse, porque eso es lo que han aprendido.

Creo firmemente que los videojuegos pueden servir como vehículo educativo para todas las personas sin importar su edad, género o cultura, pero es innegable que esa educación puede ser tanto a favor como en contra del beneficio de los individuos como de la sociedad. Los creadores de videojuegos deben entender y asumir la resposabilidad formativa que tienen para evitar la creación de vicios culturales en las nuevas generaciones de videojugadores. Si un jugador debería comprar algo en un juego deberían ser misiones o retos extras, no una salida fácil del juego. El Pay to Win es el equivalente a la corrupción dentro de los videojuegos que en el mundo real se reflejará como tal.

Por otro lado: ¿por qué no dar más oportunidades a los jóvenes de participar en el mundo real? Ese trabajo nos toca a los demás y comienza dándoles a los más chicos respeto y oportunidades para que crezcan aprendiendo no solo de la academia, sino de lo que pueden hacer en la realidad para que puedan enmendarla.

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El problema con el potencial

Potential

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas que son increíblemente talentosas y que tienen tanto inteligencia y como creatividad admirables… pero que no hacen nada con ellas. Las razones que me han dado varían, ya que parte del problema de ser una persona talentosa es que también son temperamentales y con poca tolerancia a la frustración o al fracaso, y van desde “es que el mundo no está listo para mis ideas” hasta “es que nadie me entiende“.

Todas las personas tenemos el potencial para crear cosas: objetos, arte, ideas, negocios, software… y ese es uno de los principales atributos del ser humano, pero también el tiempo y los recursos para crear son finitos, además de que entre más acceso a herramientas y conocimiento tenemos como sociedad más encarnizada se vuelve la competencia para crear algo que se único y memorable, precisamente porque todos competimos por los mismos recursos. Encima de esto, la presión social hacia el fracaso es enorme, y a nadie le gusta evidenciarse como aquel que lo intentó y falló porque eso nos coloca en el fondo de la cubeta social.

Ese es el problema con el potencial creativo de las personas: es más sencillo quejarse de que falta tiempo, o recursos o cualquier otra cosa en lugar de simplemente poner manos a la obra. Algo que todos deberíamos de tener en mente es que el potencial no es ni infinito ni eterno: conforme pasa el tiempo el potencial de las ideas se va desgastando y agotando. Las ideas son buenas, pero sin una buena ejecución no pasan de ser buenas intenciones (y este es un buen momento para escuchar cuidadosamente la canción Time de Pink Floyd).

Personalmente me da mucha tristeza ver el potencial de una persona desperdiciado y creo que no usarlo es al mismo tiempo egoísta y cobarde, pero la manera en que cada quien usa sus talentos es cosa de cada quien. Ojalá más personas simplemente se animaran a hacer cosas como fuera, más allá del miedo a la crítica o al rechazo, con expectativas realistas de lo que hacen o pueden hacer para que descubran que la manera en que uno se vuelve bueno ejecutando es con la práctica, no meditando al respecto.

Seth Godin escribió en la introducción del libro Do the Work:

Imagina que en la puerta de tu casa hay un coche deportivo. No uno de esos coches ridículos de lujo que son para presumir sino un coche realmente rápido. Y tu tienes las llaves. Ve y manéjalo.

Imagina que en la calle hay un avión privado, con el tanque lleno listo para llevarte a donde tu quieras. Ahí está el piloto, esperándote. Anda y vete.

Imagina que en tu mano hay un Martillo Neumático Chicago 0651 con el que puedes meter un clavo en cualquier cosa, una y otra vez si lo deseas. Es hora de usarlo.

Y ahí tienes un teclado (ese no lo tienes que imaginar) conectado a todo el mundo. Y también tienes una plataforma de publicación que puedes usar para interactuar con cualquier persona en cualquier lugar y en cualquier momento que además es gratuita. ¿Querías nivelar el terreno y tener una oportunidad para mostrar que eres tan bueno como cualquier otra persona? Aquí está, ahora ponte a trabajar.

Hay dos tipos de personas: las que hacen y las que dicen que hacen ¿De qué clase eres tú?.

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5 aprendizajes como emprendedor

Startups

Después de mi trabajo en Microsoft quería cambiar la dinámica en la que había estado trabajando por casi 4 años y mitad accidente mitad queriendo, abrí mi propio negocio: Tesseract Space. Este no es mi primer emprendimiento, ya antes había tenido otros negocios propios y de cada uno tuve diferentes aprendizajes, pero esta vez traía bajo el brazo más edad (cuenta), más preparación en cómo hacer negocios y más ideas sobre cómo cambiar al mundo. Dos años y medio después, quiero compartir los cinco aprendizajes principales que he adquirido en este emprendimiento:

  1. Sé flexible. Parte del chiste de ser un emprendedor es que el equipo es pequeño y los recursos también. Para alguien acostumbrado a trabajar en un entorno donde lo básico ya está resuelto puede ser muy incómodo tener que resolver todo: desde la limpieza de la oficina hasta el cambio de los cartuchos de la impresora o el mantenimiento de los equipos. Ser flexible en este sentido implica que es necesario sacar las cosas adelante en lugar de estar renegando de que nada funciona.
  2. Enfócate. Muchas personas piensan que tener un negocio propio siginifica no tener horarios, llegar tarde, salir temprano y tomarse tres horas para comer. Otras piensan que pueden hacer reuniones de cuatro horas para lluvias de ideas o invertir toda la mañana leyendo en Facebook o bajando ringtones para su teléfono. Ninguna de estas ideas es cierta, pero es fácil caer en la tentación de querer hacer de todo o de tomarse el trabajo  con excesiva calma. La clave del éxito de un emprendimiento es enfocarse en  lo que es importante, todo lo demás es opcional.
  3. Crea productos que vendan. Si bien el emprendimiento surge de darle forma a ideas e inquietudes propias, al final también debe ser un negocio. Si el producto o servicio que estamos desarrollando no le interesa a la gente lo suficiente para gastar en él entonces hay que cambiar el enfoque, hacer algo diferente o asegurar financiamiento de otra parte. ¡La pasión sola no sirve para pagar las cuentas!.
  4. La gente es importante. Las historias en las que una persona sola creaba su propio negocio encerrado en una cochera o en su cuarto son las menos. Estos días poder atraer a personas talentosas que compartan la idea y pasión del emprendimiento es crítico para poder tener productos y servicios de valor. Tampoco se trata de invitar a los amigos y comenzar un club social, sino a gente inteligente y responsable que pueda ayudar a enfocar el trabajo y a producir. Es difícil contratar personas que uno no conoce, pero lo importante es que puedan entregar resultados.
  5. La ejecución es lo más importante. Los cuatro puntos anteriores convergen en este: las ideas son buenas pero por sin una buena ejecución no sirven para nada. Si somos capaces de evitar los problemas pequeños y de enfocarnos en hacer productos tangibles que la gente quiera y que sean mantenidos por un equipo de personas excepcionales, entonces tenemos un negocio. SI fallamos en crear algo que la gente pueda y quiera usar entonces solo tenemos un montón de buenas intenciones. Sin ejecución, todo lo demás carece de sentido.

Debo decir que yo mismo he fallado en cada uno de estos puntos en algún momento, pero justo ahí es donde está el aprendizaje, y no importa como se adquiera, todo el conocimiento suma. Espero que estas recomendaciones le puedan servir a alguien más que esté pensando en arrancar su negocio o que ya tenga uno.

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El startup de $100

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Ser emprendedor no es algo fácil, ni para todas las personas: no hay una receta que garantice el éxito de un emprendimiento aunque se siga al pie de la letra, ya que hay muchas variables (económicas, tecnológicas, humanas, culturales, kármicas, etc.) que afectan lo que hacemos y que están en constante cambio y evolución. De la misma manera, no todos los que emprenden se van a convertir en el siguiente Bill Gates o Mark Zuckerberg –o a quien sea que le recen por dólares-.

Los pocos casos de éxito que a la prensa y a los blogueros les encanta promulgar una y otra vez como Google, Apple, Netflix, Amazon, Twitter o Facebook son una ínfima representación de la cantidad de personas que tienen un emprendimiento y en el que la inmensa mayoría termina fracasando, por falta de recursos, de oportunidad, de contactos, de un buen plan de negocios o simplemente por mala suerte. Poco más del 80% de los emprendimientos nuevos cierran operaciones dentro de los primeros dos años de su arranque.

The 100 startupHay muchas lecciones que podemos aprender de las personas que han comenzado un negocio y es posible, con dedicación y cuidado, poder tener un negocio exitoso. Un libro muy interesante que me encontré hace tiempo llamado $100 Startup, de Chris Guillebeau tiene muy buenas lecciones al respecto y tiene una buena dosis de historias de emprendedores de todas partes del mundo (no solo de Estados Unidos), de todas las edades (desde 16 años hasta más de 60) y de todo tipo de negocios (desde la chica que vende guantes tejidos por internet hasta un señor que entrega colchones a domicilio usando su bicicleta).

Entre los muchos consejos que tiene el libro me llamó mucho la atención el asunto de las cinco P´s del emprendedor, que resumen de una forma muy simple lo que alguien necesita para arrancar un negocio:

  • Pasión. Sin pasión es imposible comenzar nada. Los que están buscando iniciar su negocio para levantarse tarde, dormirse temprano y tener comidas de tres horas deberían buscar en otra parte. La pasión por el emprendimiento -sea lo que sea- es el ingrediente principal para salir adelante en los momentos difíciles y para convencer a otros que tus ideas valen la pena.
  • Propósito. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar mejor. Si no sabes cómo nuestro emprendimiento ayuda a otras personas o empresas a ser más plenos entonces no tienes que ofrecerles y por lo tanto no tienes negocio tampoco. Es muy importante que nos quede bien claro qué estas haciendo antes de renunciar al trabajo, vaciar la cuenta de ahorros o rentar una oficina.
  • Personas. Debemos tener bien claro quién o quiénes van a utilizar lo que sea que hagamos, ya sea un producto o un servicio. Si lo que hacemos no conecta con las personas o solo a nosotros nos queda claro que hacemos, costará mucho trabajo que la gente nos quiera pagar por lo que hacemos. De la misma manera, no es necesario tener un equipo de trabajo a menos que el negocio lo amerite, y si vas a invertir en personal asegúrate que sean personas con las habilidades adecuadas y que compartan la pasión por tu emprendimiento.
  • Producto. Un emprendimiento debe ofrecer algo: un producto o un servicio que la gente necesite. Si no tienes un producto –aunque sea en beta– entonces no tienes nada más que una idea y buenas intenciones. Asegúrate que tienes un producto o al menos una prueba de concepto antes de comenzar a promoverte.
  • Partners (en español “socios“, pero quería mantener la ‘P’). Ser emprendedor ya no es trabajo para una sola persona: busca otras personas o empresas que puedan ayudarte a llevar tu emprendimiento a la realidad. Escoge a tus socios con cuidado y no invites a tu primo o a tu compadre solo porque te caen bien o los conoces desde hace mucho, un socio debe ayudarte y apoyarte en tu emprendimiento, no hacerte compañía para que no te sientas solo.

Por supuesto, hay muchos más consejos y técnicas para arrancar un negocio, pero lo más importante es poner manos a la obra y lo demás vendrá solo. Estas cinco P´s pueden ser la guía para iniciar en pequeño y poder evitar el miedo y los errores típicos que los emprendedores sufren justo al comenzar algo nuevo o diferente.

¡Manos a la obra!

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Fácil vs Correcto

Easy Way vs Hard Way

Es bueno hacer lo que es correcto, para nosotros mismos y para otros, pero es más cómodo hacer lo que es fácil:

  • Es más fácil  ver la TV que leer un libro,
  • Es más fácil vivir al día que planear y planificar un futuro,
  • Es más fácil darle una “mordida” a un policía que manejar mejor,
  • Es más fácil quedarse en casa en lugar de ir a hacer ejercicio, porque está lloviendo o haciendo mucho calor,
  • Es más fácil comerse una quinta rebanada de pizza que ponerse a dieta, total, ¿qué me va a hacer otra rebanada?,
  • Es más fácil levantarse tarde y reportarse enfermo al trabajo que ser puntual,
  • Es más fácil vivir con nuestros papás que ser independientes,
  • Es más fácil prometer cosas que cumplirlas,
  • Es más fácil echarle la culpa a otros por lo que hacemos que asumir nuestras responsabilidades.

Lo que es fácil requiere poco o ningún trabajo, pero esto es engañoso, ya que al final casi todo lo que es fácil termina teniendo consecuencias que salen de nuestro control. Por otro lado, lo correcto requiere de voluntad, esfuerzo y práctica. Si hacemos lo correcto durante suficiente tiempo descubriremos que, después de todo, ya no queremos esa rebanada extra de pizza aunque se quede, ni queremos levantarnos tarde aunque podamos hacerlo.  Si haces ejercicio o dieta durante un par de meses te sentirás mal contigo mismo si las dejas, aunque nadie te presione o te juzgue.

La diferencia entre fácil y correcto no es complicada, no hay que preguntarle a nadie, ¡pero es más fácil fingir que no la conocemos!  Con el tiempo,  lo correcto se vuelve  fácil, es cosa de practicar.

Sócrates dijo: “lo que hacemos forma hábitos, por lo tanto, somos lo que hacemos“. Nos toca decidir si queremos una vida correcta  o una vida fácil y pagar las consecuencias.

Cerrando ciclos: adiós a Microsoft

Bluemonster

En diciembre de 2006 recibí una críptica llamada telefónica para que fuera a una entrevista de trabajo para un puesto relacionado con algo llamado “Experiencia de Usuario“. Un par de llamadas más tarde me enteré que el puesto era para Microsoft México, lo cual me pareció realmente extraño, ya que en esos años (que recuerdo con cariño como “mis años en Webmasters México”) yo solía hablar sobre Open Source y empezaba a hablar sobre las nacientes APIs de Google para programadores. La verdad yo pensaba que era muy improbable que Microsoft quisiera contratarme después de que en repetidas ocasiones yo había criticado fuertemente y en público la propuesta tecnológica de la empresa de Redmond (cuando le conté a mi esposa ella se rió como media hora de mí).

La propuesta sin embargo era en serio: un puesto nuevo y recién creado para una iniciativa nueva para Microsoft en un grupo nuevo a nivel mundial que involucraba diseño, usabilidad, accesibilidad y un montón de cosas que yo siempre había hecho de una forma o de otra. Cuando me comentaron que mi trabajo consistiría en hacer presentaciones, aprender nuevas tecnologías y enseñar a otros a usarlas me quedé con la duda de cuál sería el trabajo realmente… ¡todo eso lo hacía de cualquier manera!

Así fue como en 2007 empecé –contra todo pronóstico– a trabajar en Microsoft México como 12vo User Experience Evangelist a nivel mundial y el único en latinoamérica en ese entonces, siendo responsable o co-responsable de algunas tecnologías de Microsoft como son Silverlight, Expression Studio, Windows Live, Internet Explorer, Windows Phone y buena parte de la plataforma web de la empresa.

Después de 4 años y por motivos personales esta semana dejo mi puesto en Microsoft México.

Para mi han sido cuatro años llenos de satisfacciones en los cuales tuve la oportunidad de trabajar y colaborar lado a lado con lo mejor de la industria Web de México y en la cuales juntos logramos grandes metas que han beneficiado la innovación tecnológica en nuestro país y nuestra comunidad. Me llevo momentos y experiencias extraordinarias, como el ReMIX ’07 o el lanzamiento de Expression Around the Clock, por mencionar sólo un par. Poder trabajar con el equipo mundial de User Experience de Microsoft ha sido una de las vivencias más enriquecedoras que he tenido.

¿Por qué dejo Microsoft? Sencillamente por que ya era tiempo de hacerlo. El mundo de la tecnología cambia mucho y muy rápido y considerándome a mí mismo un Activista Tecnológico ya necesitaba un cambio de aires, tanto en visión como en acción.

En mi caso, seguiré trabajando en temas de Web, movilidad y experiencia de usuario en México, ya tengo algunas cosas planeadas para los siguientes meses en la línea de UX.

Me llevo de Microsoft buenos recuerdos, experiencias y buenos amigos en todas partes del mundo. Gracias de nuevo a todos por todo su apoyo y confianza.

Rebeldía para cambiar al mundo

Antes he dicho que es necesario cambiar al mundo y lo sostengo, básicamente porque no estoy de acuerdo con la forma en que el mundo funciona (o no funciona) como está actualmente y creo fervientemente en que podemos tener un mundo mejor, donde con sólo algunos pequeños ajustes de actitud y perspectiva podemos, simplemente, ser más felices. Afortunadamente he encontrado muchas personas que opinan más o menos lo mismo que yo, aunque con diferentes matices.

Cambiar el mundo, sin embargo, no significa ni realizar actos que obren cambios cataclísmicos de un día para otro, ni mucho menos tratar de imponer la volutad propia sobre la ajena. Contrario a lo que piensen algunos, ningún ser humano es igual a otro: hay quienes son más inteligentes, más carismáticos o tienen más recursos o influencia que otros, y tomar esas ventajas para colocarse sobre otros y tratar de dirigirlos cual Mesías a lo que ellos consideran que es “lo correcto” es lo mismo que quitarles su capacidad de decidir por ellos mismos.

De la misma manera, tampoco se trata de patear el status quo sólo porque sí, por molestar o por denotar una “rebeldía” que más parecen fantasías adolecentes de poder. No, no, no… cambiar el mundo es realizar un acto de bondad aleatorio para beneficio de los demás en lugar de buscar el beneficio propio, es sacrificar un poco las ventajas y comodidades propias que damos por sentadas para que puedan a su vez tocar a otros.

Tristemente he tenido conversaciones con personas cercanas sobre este tema y al parecer sus buenas intenciones parecen terminar siempre en su propio enaltecimiento. No juzgo a nadie, no digo que estén “bien” o “mal“, sencillamente creo que todas las decisiones tomadas bajo el paraguas del fanatismo y del enaltecimiento del ego no pueden acabar bien para nadie.

Cambiemos el mundo, para bien de todos, porque al final será para bien de nosotros mismos.

Cambiar el Mundo

Hace unos días estaba platicando con Alfredo, el dueño de la empresa para la que estaba trabajando hasta hace poco. El hombre es un tipazo dotado de un ingenio y un carisma admirables y afortunadamente para mi llevo una buena relación con él. Después de un rato y dejando los asuntos de trabajo por un lado, me hizo una pregunta que hace mucho no escuchaba: ¿qué es lo que realmente quieres hacer con tu vida?

Esta es una pregunta realmente difícil que muchos desdeñan con respuestas como “quiero ser independiente“, “quiero poner mi negocio“, “retirarme joven” o sandeces por el estilo. Si uno se pone a pensarlo bien es una pregunta muy seria, se refiere a cuál creemos que es nuestro propósito en el Universo o sobre que idea tenemos acerca de nuestra misión de vida. Realmente no es algo que uno debiera contestar a la ligera y merece meditar un poco (en privado antes, si les parece mejor) antes de evadirla.

En mi caso es algo que tengo claro desde hace tiempo: no se trata de trabajo, o de dinero o familia (las tres van y vienen) sino de algo más elemental. Es acerca de cómo justificar tantos años de respirar, comer, estudiar… de vivir.

Mi respuesta es fácil: quiero cambiar el Mundo.

Sé que suena algo cursi, pero cuando lo digo lo digo en serio: creo que nada es perfecto y que nada es estable, y que como seres pensantes (casi todos) tenemos la obligación de afectar nuestro entorno de la manera más positiva para los demás y sobre todo, para los que herederan nuestras broncas.

No se trata tampoco de hacer cosas imposibles: cambiar el mundo no significa –muchas veces– hacer algo cataclísmico que altere la percepción de todos de la noche a la mañana. A veces algo sencillo, algo significativo a la larga puede resultar en un verdadero cambio.

Afortunadamente yo me creo esta historia y Alfredo también me la compró. Ya somos dos entonces. ¿Ven que fácil es?