Archivos Mensuales: septiembre 2004

Manipulación y conveniencia

Es cierto que hay muchos charlatanes allá afuera, pero siempre he pensado que antes de criticar algo o a alguien hay que conocerlo primero. En mi caso, tuve la oportunidad de colaborar brevemente con Jaime Maussan y sus Vigilantes cuando yo era coordinador del X-Files Fan Club México hace como 5 años. Esta fue mi experiencia:

En aquella época muchos de los chavos de X-Files estaban fascinados por tener contacto directo con Maussan, uno de los cruzados más notorios en la búsqueda de vida extraterrestre. Colaborábamos con ellos ayudándolos con sus investigaciones, buscando material bibliográfico para documentación y cosas por el estilo.

En la presentación del libro “Herencia Estelar” del Sr. Gabriel Chávez (mejor conocido como la voz del Sr. Burns en los Simpsons en español, y una de las más finas personas que he conocido jamás), le pregunté a Maussan:

– “Jaime, ¿qué es lo que te ha mantenido tanto tiempo en este campo? ¿Qué es lo que te motiva seguir investigando?”
– “Mira Mauricio, muchas personas me consideran experto en temas relacionados con los OVNIS, debido a que he trabajado de cerca con físicos, astrónomos y personas dedicadas a la ciencia, pero yo no soy un científico. Yo soy un reportero. Mientras este asunto de los OVNIS y los extraterrestres sean noticia, mi deber es reportarlo, sin importar mis convicciones, o si es cierto o falso”.

Por mucho no era la respuesta que yo esperaba, pero tiene un trasfondo muy interesante:

Maussan, J.J. Benitez y otros ‘investigadores’ tienen trabajo gracias a la difusión de sus mentiras, al igual que los charlatanes que venden horóscopos y lecturas de Tarot como Walter Mercado y su línea psiquica. Obviamente está en su mejor interés que los dogmas que proponen y venden sean propagados ante el mayor número posible de personas. Y si una mentira se repite lo suficiente, pronto todos creerán que es verdad.

En Farenheit 9/11, Michael Moore menciona el tema de la “Cultura del Miedo“: la forma en que los medios de comunicación masiva (radio, prensa, televisión e incluso Internet) bombardean constantemente a la población con mensajes sensacionalistas y brutales para hacerles reaccionar de tal o cual manera, sin importar la información en sí. Cuando salí del cine decidí hacer un experimento y me puse a ver TV nacional abierta por algunas horas. En muchos sentidos el comentario de Moore aplica también a nuestro país, pero en sentidos diferentes.

Además de su programación ‘esotérica/paranormal’, la televisión nacional está plagada de telenovelas y programas de chismes del espectáculo y “reality chows“, donde el estereotipo del mexicano es modelado, torcido y plastificado para que sea lindo, gûerito, fortachón si es hombre o flaquísima si es mujer, todos clasemedieros, cristianos devotos y muy Hallmark. Y sobre todo, son felices y viven bien, o pronto lo conseguirán.

México es el país donde no pasa nada. Es más importante el especial saliendo de la cárcel de Gloria Trevi que el informe del Presidente. Tiene más raiting un programa sobre el Asteroide Asesino que un programa astronómico serio sobre el acercamiento de cuerpos celestes a nuestro planeta. Son más interesantes los debates Kerry/Bush que la situación de López Obrador. La población televidente mexicana vive sedada y lejos de la realidad (¿Foxilandia?), porque la realidad mexicana es bastante fea. Por esta razón no es sorprendente que incluso en los hogares más miserables se compre antes una televisión que un refrigerador.

¿A cuántas libertades y derechos puede renunciar una persona en pos de su comodidad? La televisión no solo es una droga, sino un ser de culto al que millones de personas le han ofrecido sus mentes (¿virgenes?) en sacrificio. La frase “¡Cómo lo vió en TV!” significa para muchos “¡Si lo ve en TV es cierto!”.

Es irónico como en una era con tal cantidad y variedad de información como en la que vivimos sea tan difícil cultivarse, pero aún es cierto aquello de que “es tan culpable el que mata a la vaca como el que le detiene la pata”. En fin.

El día que el mundo no se acabó

Si hay un libro que realmente ha causado daño a la humanidad es el Libro de las Revelaciones que aparece al final de Nuevo Testamento, donde Juan (pero no el Bautista) narra como se llevará a cabo el Día del Juicio Final, con ángeles, demonios y catástrofes universales. Han sido muchas las horas y las personas que se han dedicado a analizar los ‘misterios’ de libro del Apocalipsis (por su nombre en griego), pero han sido más los que lo han aprovechado como plataformaa para anunciar una y otra vez que el mundo se va acabar.

El primer aviso llegó en 1986 cuando el cometa Halley hizo su visita regular a la Tierra después de 76 años, aunque según una interpretación de las Profecias de Nostradamus, el Fin del Mundo empezaría en 1988, en algún momento entre Agosto o Septiembre, poco antes del desayuno, cuando se desataría la Tercera Guerra Mundial con bombas atómicas y efectos especiales. Yo estaba ahí (bueno, entonces) y se los aseguro: No Pasó Nada.

Claro que algunos años más tarde, cuando los Estados Unidos invadieron Kuwait, me tocó ver a muchos adultos llorando como recién nacidos, y no falto el Vidente que reinterpretara los cálculos de Nostradamus según una oscura omisión del calendario Gregoriano. Aun así, no se acabó el Mundo.

Lo mismo pasó en 1994 con la Crisis Económica Mundial, en 1998 con las predicciones de Aleister Crowley, en 1999 otra vez según Nostradamus, en el año 2000 con el Y2K, en el 2001 con el atentado a Nueva York el 11 de Septiembre, en el 2002 con la invasión de Estados Unidos a Iraq, y más recientemente con el paso del asteroide 4179, denominado Tutatis. Según muchos ‘expertos’, el Mundo como lo conocemos se acababa hoy, 29 de Septiembre a las 9:00 AM, Tiempo Universal, estilo “Cita con Rama”.


Tutatis, el asteroide del Juicio Final, hoy por la mañana

Pero no pasó nada. Tutatis pasó a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra, algo así como cuatro veces la distancia entre nuestro planeta y la Luna, como un objeto de magnitud 10: ni siquiera lo suficientemente brillante para ser visto sin instrumentos. Tutatis pasará así de cerca una vez más dentro de 558 años, suficiente tiempo para dormir tranquilos.

Pero, ¿por qué la fijación con el Fin del Mundo? En muchos sentidos la gente de mi generación somos hijos de una cultura apocalíptica, donde el Fin acecha al otro lado de la esquina. ¿Quién se beneficia de esta paranoia? Los empresarios, que venden chochitos anti-cometa y refugios subterráneos a prueba de radiaciones; y la Iglesia, que a falta de una mejor idea para retener a sus feligreses los amenaza con la Ira de Dios en el Fin de los Tiempos, la trillada profesía del Fuego Eterno y el chirriar de dientes.

Pero no deshagan sus maletas: la próxima fecha cósmica es el 22 de diciembre del 2012, año en el que según el calendario maya empieza el Sexto Sol, aunque temo que el Fin del Mundo ha sido tan anunciado que no creo que a nadie le importe ya, a menos que realmente ocurra y aún así ya ha perdido el elemento sorpresa. Pronto los empresarios tendrán que buscar otra técnica de ventas y la Iglesia… bueno, algo se les ocurrirá.

Uno de mis diálogos favoritos en Watchmen de Alan Moore es el que ocurre entre el tendero del puesto de revistas y Rorschach:

– “¡Oiga! ¿No que el Mundo se iba a acabar anoche?”
– “Asi fué”
– “Uh, pero el Mundo no se acabó…”
– “¿Está seguro?”

Hasta la próxima catástrofe.

Destino manifiesto

Neil Gaiman escribía sobre el Destino como uno de los Endless en Sandman:

“Destino es el más antiguo de los Endless; en el Principio existía el Mundo, que fue trazado a mano en la primera página de su libro, antes de que se mencionará en voz alta. Destino es también el más alto de los Endless para los ojos mortales. Hay quienes creen que es ciego, mientras que otros, tal vez con más razón, aseguran que ve más allá de lo que ven los simples ojos, que realmente no puede hacer otra cosa excepto ver: ve el fino rastro que dejan las galaxias mientras giran en el vacío, observa los intricados patrones que los seres vivos crean durante su recorrido a lo largo del tiempo. Destino huele a polvo y a bibliotecas de noche. No deja huellas, y no tiene sombra. Lee lo que Será de un enorme libro encadenado a su brazo derecho, y vive en un jardín en forma de laberinto, por donde camina continuamente.”

Por supuesto que el Destino es ciego, pero eso no le impide detenerse, porque no le está permitido. Es muy difícil saber que es lo que tenemos por delante en la vida, y por eso andamos en ella dando tropezones, como buenos ciegos. Caminamos en línea recta con la esperanza de que el camino o las circunstancias nos lleven a alguna parte antes de que nos caiga un yunque en la cabeza. A cualquier parte.

Es difícil saber que hay delante, pero no imposible. Si no podemos ver entonces debemos escuchar, oler, sentir, preguntar. Podemos elegir entre dos vidas: la que se nos da per se y la que nos forjamos nosotros mismos. Hay caminos que pasan fuera del jardín de Destino.

¿Hasta donde quieres llegar hoy? ¿Y mañana?

Para leer el Destino

Mi nombre es Mauricio Angulo S., aunque muchas personas me conocen como Fate. El por qué del nick o sobrenombre es una larga historia para otro momento, pero es muy adecuado para mí. ‘Fate’ significa ‘Destino’ o ‘Porvenir’.

En la tragedia griega, el Destino es el padre de la ironia, lo cual me sienta bastante bien. Según esta tradición, por más que una persona lo intente, no podrá escapar a un destino sentenciado.

En la mitología griega se mencionan a tres hermanas, Cloto, Láquesis y Átropos, que personifican el destino de cada ser humano y que ni los dioses pueden cambiar. Cloto es la encargada de hilar el destino de los mortales, Láquesis es la encargada de hacer girar el huso y de estirar al azar el hilo de los destinos humanos y Átropos la que los corta cuando llega el final. Juntas son conocidas como las Moiras o las Parcas.

Aunque tengo ya algunos meses colaborando en el blog La Hoguera de las Necedades junto con mis buenos amigos Beto ‘Albion’ Calvo y Santiago ‘Chili’ Casares, resulta que tengo más cosas que decir, y muchas de estas cosas rebasan o sencillamente no tienen nada que ver con el objetivo principal de la Hoguera. Ergo, he creado este pequeño blog para desahogarme sin pararme en los de pies de nadie, o tal vez para poder hacerlo sin cargos de consciencia.

Por supuesto, seguiré colaborando en la Hoguera de la misma forma que lo he hecho hasta hoy con Beto y Chili como lo harían las Moiras griegas. Esta pequeña bitácora (o libro) es solo un spin-off más personal. Ya veremos a dónde nos lleva. Bienvenidos.