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Universidad… ¿Gratuita? ¿Para todos? ¿Para qué?

educacion-gratuita

En México uno de los derechos constitucionales de todos los mexicanos es el de tener acceso a educación gratuita proveeída por el Estado, y es normal ver escuelas primarias, secundarias, preparatorias y escuelas técnicas fondeadas por el gobierno, e incluso universidades públicas en las que una carrera tiene un costo muy bajo. Sin embargo, es difícil que haya lugar para todos los aspirantes a educación superior y las quejas se comienzan a escuchar:

Jóvenes rechazados del sistema de educación superior en México marcharon para exigir a las autoridades del país la inclusión de miles de estudiantes que no pueden acceder a las universidades públicas por falta de plazas. La Secretaría de Educación Pública acordó abrir 200 mil cupos para el 2014.

Los quejosos también se organizan en grupos como el Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior o para bloquear calles para exigir su “derecho” a una educación gratuita y de calidad.

No es que yo esté en contra de que alguien vaya a estudiar a la universidad, pero analicemos esto por un momento: los recursos de un país -cualquier país-, por muy grandes que sean, son finitos. Simplemente no es posible tener una oferta educativa superior que crezca sin límites y mantenerla gratuita y de buena calidad. Por otro lado, lo que llaman “Educación de Calidad” depende de tener no solo buenos planes de estudio e instalaciones, sino también un buen equipo de docente con profesores y maestros con buena educación y experiencia real sobre lo que enseñan, no que simplemente le pasen el material a cualquier burocrata sindicalizado para que repita cosas que no conoce o  entiende; y tampoco hay una cantidad ilimitada de buenos maestros disponible para echar mano de ellos.

Por otro lado, miles de jóvenes en México no pueden acceder a universidades públicas de nivel superior: de cada 100 estudiantes que hay en el país sólo 32 ingresan a tales centros de estudio, pero ¿por qué la urgencia en tener una carrera universitaria?

Tener una carrera universitaria o estudios de postgrado está ligado a la idea de que tener una carrera universitaria es garantía de que tendrán mejores oportunidades laborales y mejores sueldos que si no la tienen, pero este es un mito perpetuado por las propias escuelas y por la cultura popular donde lo importante no es la educación que se recibe sino el reconocimiento de haber asistido a tal o cual escuela o curso. En ese sentido, nuestro país está lleno de graduados universitarios con aprovechamiento muy bajo y poca preparación para un trabajo en el mundo real. Estos “profesionistas” se vuelven una carga para las empresas que los contratan ya que tienen que invertir en capacitarlos y entrenarlos para un trabajo que en teoría ya deberían saber hacer.

Por desgracia en nuestro caso, el título se ha vuelto más importante que el aprendizaje, y se exhibe como una medalla de honor aunque no haya capacidad que lo respalde. Bajo esta óptica, es mejor tener un título “gratuito” que una educación de calidad, porque esta última si cuesta.

Algo que todos deberían considerar el mundo no se termina si tienen una carrera o no, siempre que puedan demostrar capacidad de realizar el trabajo que se les encomienda. Muchas personas que nunca acabaron sus carreras –Steve Jobs, Bill Gates,  Mark Zuckerberg, etc.– se han convertido en líderes de su industria y en exitosos empresarios sin una educación formal terminada, pero no lo hicieron simplemente dejando la escuela, sino estudiando y aprendiendo por su cuenta. Hay que recordar que no solo en la escuela se puede estudiar y aprender. De la misma manera, miles de personas con carreras universitarias y postgrados viven en el subempleo o en trabajos miserables no por falta de oportunidades, sino porque son incapaces de respaldar curricularmente lo que estudiaron. Afortunadamente el mercado laboral se ha vuelto más sensible a este tema y ya se fija más en la experiencia que en los estudios de una persona.

El tema es complejo y tiene muchas vertientes como para generalizar todos los casos, lo que quiero decir es que todas las personas deberían ganarse el derecho a estudiar por medio de buenas calificaciones en su carrera académica (mérito) en lugar de esperar un paso automático y gratuito simplemente porque “la Constitución lo dice” o porque “es su derecho”. Los que se queden fuera deberían dedicar sus energías en estudiar y aprender por otros medios –libros, cursos, internet, etc– para entregar capacidad en lugar de papeles. En estos días tenemos acceso a muchísima información de manera gratuita o muy barata por medio de la web, por lo que ya no es excusa el no tener un asiento en un salón para dejar de estudiar y prepararse.

La vieja máxima sigue siendo cierta: El Conocimiento es Poder y deberíamos hacernos a la idea de que ningún poder que valga la pena viene gratis. Para obtenerlo hay que trabajar por él.

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El “Hombre-Idea”

Man with an Idea

El Hombre-Idea (o Persona-Idea, si nos ponemos estrictos) es esa persona que todos quieren ser: es el que llega de repente gritando “Eureka” con una idea enorme y cataclísmica que cambiará para siempre nuestras vidas. Es difícil criticar a alguien por ser una persona con ideas excepto por un detalle: rara vez aquel que llega con ideas se hace responsable de convertirlas en realidad, es decir, no se hace responsable de la ejecución de su idea.

Ejemplos de este caso los hemos vivido todos: llega un jefe, startupero o digital wannabe a interrumpir lo que sea que estamos haciendo para aventarnos su idea y luego salir con la frase “me avisan cuando quede listo“. Para la persona que pone la idea en la mesa su posición es muy cómoda: el está siendo el Iniciador, el Origen; su rol es ser “disruptivo” y “original” para “cambiar paradigmas“, y su trabajo termina cuando saca su idea a la luz. Si la idea funciona, es gracias a él; si no funciona, es culpa de los otros que no lo entendieron o la hicieron mal. Todos quieren ser el “Hombre-Idea” porque él siempre está a salvo, sin importar lo que pase después.

El problema con la Creación de Ideas es que es relativamente fácil tener una idea, pero es bastante más difícil y complejo convertirla en algo real. De la misma manera, en el Mundo de las Ideas no hay restricciones ni límites pero en el mundo real sí los hay: estamos restringidos por el tiempo, el presupuesto, los recursos, otros compromisos, la física y la tecnología actual. No es que a nadie se le haya ocurrido hacer un coche que funcione con agua o los motores warp de Star Trek, el asunto es que es más complicado fabricarlos que imaginárselos.

Visto desde esta óptica, el “Hombre-Idea” debe evolucionar para convertirse en el “Hombre-Creación”. Cada vez que tengamos ideas deberíamos adoptarlas y adquirir el compromiso de cuidarlas hasta verlas cristalizadas en lugar de simplemente pasarle la responsabilidad o echarle la culpa  a alguien más. Es también importante tener la precaución de que puede que muchas ideas se queden solo en eso por falta de recursos o tiempo para fijar expectativas realistas de lo que pueden llegar a ser nuestras ideas, especialmente que casi ninguna idea pasa del pensamiento a producto terminado de manera instantánea y nada garantiza que cada idea se volverá algo tangible. Asumir esto último es una necedad que nos obliga a repensar las cosas antes de ir a llenarle la cabeza de humo a otros.

Lo más importante es que las ideas y la ejecución van juntas y se multiplican a si mismas: una excelente idea con una pésima ejecución valen lo mismo que una mala idea con una excelente ejecución. Si ponemos lo mejor de nosotros de ambos lados de la ecuación en lugar de delegar a ciegas veremos como nuestras ideas atraen manos para que aterricen en la realidad, todo lo demás es perder el tiempo.

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Ocho cosas nuevas para hacer a diario

glow

Del timeline de Amber Rae:

  1. Levántate antes que los demás – comienza despertándote a las 7:00 am, luego a las 6:00 am, y luego a las 5:30am. Ve a algún lugar elevado con un abrigo grueso y ve el amanecer.
  2. Oblígate a ir a dormir más temprano – comienza a las 11:00 pm, luego a las 10:00pm y luego a las 9:00 pm. Despierta en la mañana sintiéndote cómodo y re energizado.
  3. Elimina la comida procesada de tu dieta. Comienza dejando dulces, frituras, pan dulce y sigue con la pasta, el arroz y el cereal, y luego el pan. Usa como regla que si un niño no puede decirte de que está hecho, no lo comas.
  4. Forma el hábito de hacerte un buen desayuno. Fríe unos tomates y champiñones en mantequilla real y ajo, fríe un huevo, corta un aguacate fresco y siéntate a comerlo sin hacer ninguna otra cosa.
  5. Estírate. Comienza alzando los brazos tanto como puedas, luego trata de tocar la punta de tus piers. Gira tu cabeza, estira tus dedos y luego todo lo demás.
  6. Compra una botella de agua de un litro y oblígate a tomartela completa en un día. Luego intenta tomarte dos botellas al día.
  7. Consigue una libreta y una pluma negra y escribe todo lo que haces, incluyendo cenas, citas, compromisos, cafés y lo que necesites hacer en un día. No omitas los detalles.
  8. Recuestate e imagina como sería tu vida si no existiera el fracaso. Cuando abras tus ojos, comienza a hacer cosas que conviertan lo que imaginas en realidad.

El problema con el potencial

Potential

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas que son increíblemente talentosas y que tienen tanto inteligencia y como creatividad admirables… pero que no hacen nada con ellas. Las razones que me han dado varían, ya que parte del problema de ser una persona talentosa es que también son temperamentales y con poca tolerancia a la frustración o al fracaso, y van desde “es que el mundo no está listo para mis ideas” hasta “es que nadie me entiende“.

Todas las personas tenemos el potencial para crear cosas: objetos, arte, ideas, negocios, software… y ese es uno de los principales atributos del ser humano, pero también el tiempo y los recursos para crear son finitos, además de que entre más acceso a herramientas y conocimiento tenemos como sociedad más encarnizada se vuelve la competencia para crear algo que se único y memorable, precisamente porque todos competimos por los mismos recursos. Encima de esto, la presión social hacia el fracaso es enorme, y a nadie le gusta evidenciarse como aquel que lo intentó y falló porque eso nos coloca en el fondo de la cubeta social.

Ese es el problema con el potencial creativo de las personas: es más sencillo quejarse de que falta tiempo, o recursos o cualquier otra cosa en lugar de simplemente poner manos a la obra. Algo que todos deberíamos de tener en mente es que el potencial no es ni infinito ni eterno: conforme pasa el tiempo el potencial de las ideas se va desgastando y agotando. Las ideas son buenas, pero sin una buena ejecución no pasan de ser buenas intenciones (y este es un buen momento para escuchar cuidadosamente la canción Time de Pink Floyd).

Personalmente me da mucha tristeza ver el potencial de una persona desperdiciado y creo que no usarlo es al mismo tiempo egoísta y cobarde, pero la manera en que cada quien usa sus talentos es cosa de cada quien. Ojalá más personas simplemente se animaran a hacer cosas como fuera, más allá del miedo a la crítica o al rechazo, con expectativas realistas de lo que hacen o pueden hacer para que descubran que la manera en que uno se vuelve bueno ejecutando es con la práctica, no meditando al respecto.

Seth Godin escribió en la introducción del libro Do the Work:

Imagina que en la puerta de tu casa hay un coche deportivo. No uno de esos coches ridículos de lujo que son para presumir sino un coche realmente rápido. Y tu tienes las llaves. Ve y manéjalo.

Imagina que en la calle hay un avión privado, con el tanque lleno listo para llevarte a donde tu quieras. Ahí está el piloto, esperándote. Anda y vete.

Imagina que en tu mano hay un Martillo Neumático Chicago 0651 con el que puedes meter un clavo en cualquier cosa, una y otra vez si lo deseas. Es hora de usarlo.

Y ahí tienes un teclado (ese no lo tienes que imaginar) conectado a todo el mundo. Y también tienes una plataforma de publicación que puedes usar para interactuar con cualquier persona en cualquier lugar y en cualquier momento que además es gratuita. ¿Querías nivelar el terreno y tener una oportunidad para mostrar que eres tan bueno como cualquier otra persona? Aquí está, ahora ponte a trabajar.

Hay dos tipos de personas: las que hacen y las que dicen que hacen ¿De qué clase eres tú?.

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5 aprendizajes como emprendedor

Startups

Después de mi trabajo en Microsoft quería cambiar la dinámica en la que había estado trabajando por casi 4 años y mitad accidente mitad queriendo, abrí mi propio negocio: Tesseract Space. Este no es mi primer emprendimiento, ya antes había tenido otros negocios propios y de cada uno tuve diferentes aprendizajes, pero esta vez traía bajo el brazo más edad (cuenta), más preparación en cómo hacer negocios y más ideas sobre cómo cambiar al mundo. Dos años y medio después, quiero compartir los cinco aprendizajes principales que he adquirido en este emprendimiento:

  1. Sé flexible. Parte del chiste de ser un emprendedor es que el equipo es pequeño y los recursos también. Para alguien acostumbrado a trabajar en un entorno donde lo básico ya está resuelto puede ser muy incómodo tener que resolver todo: desde la limpieza de la oficina hasta el cambio de los cartuchos de la impresora o el mantenimiento de los equipos. Ser flexible en este sentido implica que es necesario sacar las cosas adelante en lugar de estar renegando de que nada funciona.
  2. Enfócate. Muchas personas piensan que tener un negocio propio siginifica no tener horarios, llegar tarde, salir temprano y tomarse tres horas para comer. Otras piensan que pueden hacer reuniones de cuatro horas para lluvias de ideas o invertir toda la mañana leyendo en Facebook o bajando ringtones para su teléfono. Ninguna de estas ideas es cierta, pero es fácil caer en la tentación de querer hacer de todo o de tomarse el trabajo  con excesiva calma. La clave del éxito de un emprendimiento es enfocarse en  lo que es importante, todo lo demás es opcional.
  3. Crea productos que vendan. Si bien el emprendimiento surge de darle forma a ideas e inquietudes propias, al final también debe ser un negocio. Si el producto o servicio que estamos desarrollando no le interesa a la gente lo suficiente para gastar en él entonces hay que cambiar el enfoque, hacer algo diferente o asegurar financiamiento de otra parte. ¡La pasión sola no sirve para pagar las cuentas!.
  4. La gente es importante. Las historias en las que una persona sola creaba su propio negocio encerrado en una cochera o en su cuarto son las menos. Estos días poder atraer a personas talentosas que compartan la idea y pasión del emprendimiento es crítico para poder tener productos y servicios de valor. Tampoco se trata de invitar a los amigos y comenzar un club social, sino a gente inteligente y responsable que pueda ayudar a enfocar el trabajo y a producir. Es difícil contratar personas que uno no conoce, pero lo importante es que puedan entregar resultados.
  5. La ejecución es lo más importante. Los cuatro puntos anteriores convergen en este: las ideas son buenas pero por sin una buena ejecución no sirven para nada. Si somos capaces de evitar los problemas pequeños y de enfocarnos en hacer productos tangibles que la gente quiera y que sean mantenidos por un equipo de personas excepcionales, entonces tenemos un negocio. SI fallamos en crear algo que la gente pueda y quiera usar entonces solo tenemos un montón de buenas intenciones. Sin ejecución, todo lo demás carece de sentido.

Debo decir que yo mismo he fallado en cada uno de estos puntos en algún momento, pero justo ahí es donde está el aprendizaje, y no importa como se adquiera, todo el conocimiento suma. Espero que estas recomendaciones le puedan servir a alguien más que esté pensando en arrancar su negocio o que ya tenga uno.

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Sobre las corridas de toros

corrida de toros

Posiblemente me gane el odio de más de uno, pero a mi me gustan las corridas de toros.

Contrario a lo que pueda pensar cualquier persona, no me gustan las corridas de toros porque me guste ver que un hombre se juegue la vida, o por que disfruto ver sufrir a un toro. Desde hace mucho me interesé en la fiesta brava y le he dedicado bastante tiempo en tratar de entender de dónde viene, porque se hace y qué significa. Asistiendo a alguna corridas y preguntando a gente más entendida he comprendido que la fiesta brava no se trata nada más de ir a ver quien sale vivo o muerto, sino que se trata de un ritual complejo que apela a numerosos conceptos de vida, de valor y de sobrevivencia. Se trata de la constante lucha de la humanidad contra la naturaleza desbocada, y del enfrentamiento entre la inteligencia y la fuerza bruta. El toro y el torero son símbolos en este teatro que se hace para recordarnos porque los humanos debemos ser civilizados.

Entiendo que a muchas personas les molesta e incluso les ofenden las corridas de toros, principalmente porque creen que es un acto de crueldad hacia los animales. Escuchando argumentos de detractores de las corridas de toros escucho, como cuando se habla con cualquier fanático, muchos argumentos seculares, llenos de emociones y de lecturas morales y éticas pero poca sustancia. ¿Qué el toro sufre? Seguro, pero no se trata de regodearse en el sufrimiento ajeno. Hay mucho fanatismo –y ya he escrito antes como me molestan los fanáticos– alrededor del cierre de las corridas de toros e incluso manifestaciones públicas de personas que se pintan de rojo para que la gente los vea como ellos ven a los animales de lidia.

Es cierto que la fiesta de toros ya no es lo que solía ser: desde hace tiempo se ha vuelto refugio de villamelones que solo van ahí a sentirse machos mientras se fuman un puro y se emborrachan con una bota mientras ignoran el significado completo del ritual, lo que se convierte en una falta de respeto al sacrificio que hacen tanto el toro como el torero. Montones de peleles gritando “olé!” sin saber qué gritan o porqué mientras los vendedores pasan con vasos de cerveza es lo que a vulgarizado la fiesta de los toros y le ha conseguido la mala fama que tiene, ya que sin significado, el ritual pierde sentido. Es como la gente que va a la ópera porque pretenden que son cultos y aplauden entre escena y escena.

Por otro lado, los fanáticos defensores de los toros se agarran de esta bandera porque es una causa con alto perfil pero que en el fondo no resuelve nada. ¿Hay por ahí algún detractor de los toros que también se queje por la manera en que son procesados y muertos los animales de granja? Muy pocos, porque la masacre en los rastros se hace en silencio, donde nadie puede ver, excepto los jugosos filetes que se sirven en un restaurante. Créanme, las vacas y animales de granja la pasan mucho peor que un toro de lidia, no solo cuando es sacrificado, si durante toda su existencia. Pero nadie se queja porque es atentar contra la economía y la alimenación de miles, ¿cierto?

Para muestra, un pequeño video de cómo es el viaje de una vaca desde la granja hasta el plato:

Al final todo se resume en la sensibilidad que tengamos tanto a la tradición y significado del ritual como a las causas fundamentales de lo que defendemos o atacamos. Si no les gustan las corridas de toros, vale. Si quieren ir a los toros háganlo con respeto, no para irse de parranda. Y si quieren ayudar al planeta y a los animales hagan algo al respecto más allá de estarse quejando para que alguien más lo arregle.

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Fácil vs Correcto

Easy Way vs Hard Way

Es bueno hacer lo que es correcto, para nosotros mismos y para otros, pero es más cómodo hacer lo que es fácil:

  • Es más fácil  ver la TV que leer un libro,
  • Es más fácil vivir al día que planear y planificar un futuro,
  • Es más fácil darle una “mordida” a un policía que manejar mejor,
  • Es más fácil quedarse en casa en lugar de ir a hacer ejercicio, porque está lloviendo o haciendo mucho calor,
  • Es más fácil comerse una quinta rebanada de pizza que ponerse a dieta, total, ¿qué me va a hacer otra rebanada?,
  • Es más fácil levantarse tarde y reportarse enfermo al trabajo que ser puntual,
  • Es más fácil vivir con nuestros papás que ser independientes,
  • Es más fácil prometer cosas que cumplirlas,
  • Es más fácil echarle la culpa a otros por lo que hacemos que asumir nuestras responsabilidades.

Lo que es fácil requiere poco o ningún trabajo, pero esto es engañoso, ya que al final casi todo lo que es fácil termina teniendo consecuencias que salen de nuestro control. Por otro lado, lo correcto requiere de voluntad, esfuerzo y práctica. Si hacemos lo correcto durante suficiente tiempo descubriremos que, después de todo, ya no queremos esa rebanada extra de pizza aunque se quede, ni queremos levantarnos tarde aunque podamos hacerlo.  Si haces ejercicio o dieta durante un par de meses te sentirás mal contigo mismo si las dejas, aunque nadie te presione o te juzgue.

La diferencia entre fácil y correcto no es complicada, no hay que preguntarle a nadie, ¡pero es más fácil fingir que no la conocemos!  Con el tiempo,  lo correcto se vuelve  fácil, es cosa de practicar.

Sócrates dijo: “lo que hacemos forma hábitos, por lo tanto, somos lo que hacemos“. Nos toca decidir si queremos una vida correcta  o una vida fácil y pagar las consecuencias.

¿La tecnología importa?

Hace poco y casi por accidente –o sea, jugando con mi Kindle– encontré el libro “Does IT Matter?“, un libro sobre tecnología escrito por un economista, Nicholas G. Carr, y que nació como un artículo en la revista Business Harvard Business Review en un ejemplar de 2003. Este libro habla acerca de cómo la tecnología –cualquier tecnología, desde la electricidad o la Web– se vuelve irrelevante como ventaja competitiva para las empresas, gobiernos o corporaciones mientras se vuelve más popular y de fácil acceso. Carr sostiene que esta historia de la tecnología en los negocios se ha repetido una y otra vez desde la Revolución industrial con los trenes, el telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión y que innevitablemente se repetirá en nuestros días con las PCs, la Web, el Internet y otros adelantos tecnológicos de nuestros días.

La postura de Carr es muy interesante para mí precisamente porque él no ve la tecnología y su desarrollo como la vemos los tecnólogos (¿tecnófilos?): como un desfile interminable de novedades y adaptaciones que nunca tendrá fin, y cómo los adelantos tecnológicos harán libres y felices a la humanidad en los años por venir. Por el contrario, su visión hacia es que, si bien en su inicio estos adelantos e invenciones sí representan una ventaja para los negocios que pueden costearlo (porque todo cuando empieza suele ser muy caro y tiene riesgos altos) a la larga esta ventaja se desvanece cuando la competencia tiene acceso a versiones refinadas de la tecnología original a precios más bajos y en modelos probados previamente por los entusiastas tecnológicos. Bajo este razonamiento es entonces crítico para las compañías cuyo negocio principal no es la tecnología escoger cuidadosamente sus inversiones tecnológicas y no dejarse llevar por las modas o por los geeks de tecnología, y hacerse a la idea de que la tecnología, que sí es buena cuando se aplica de manera responsable en un negocio ahorrando gastos y aumentando la eficiencia y la productividad, no es un milagro que por si sola rescata empresas y negocios.

Al final Carr predice que dentro de poco llegaremos a un punto en que empresas y particulares adquiriremos la tecnología que necesitamos como un servicio que se paga por cuotas de consumo, de manera no muy diferente a la que hoy pagamos por la electricidad, el agua potable, la televisión por cable o el gas, sin importar de dónde venga o quien la sostenga.

El libro ha sido duramente criticado por los directores de las grandes empresas de tecnología y por entusiastas tecnológicos en todas partes pero ha encontrado apoyo y simpatizantes con personas de negocio, mercadotécnia y ventas en las empresas.

En mi caso tuve que leer el libro dejando de lado muchas ideas preconcebidas sobre la tecnología y quede profundamente impactado por el mensaje del libro, porque creo que en el fondo no está tan equivocado: algunas tendencias como la automatizacion de los procesos de diseño y desarrollo de software, la estandarización de plataformas y protocolos para hacer que sistemas heterogéneos convivan, la facilidad en la Web 2.0 para que usuarios no técnicos generen sus propios contenidos y sobre todo, la nueva plataforma de Cloud Computing se ajustan muy bien a las predicciones de Carr, aunque tampoco creo que sea 100% acertado en todas sus aceveraciones, particularmente en vista del éxito económico de empresas basadas puramente en tecnologia como modelo de negocio como Microsoft, Google o Dell.

Este libro es un virus: si lo lees ya no verás el mundo tecnológico de la misma forma. Recomiendo leerlo con calma y con mente abierta para sacar conclusiones propias, especialmente si te dedicas a tecnologías de información o a algo relacionado con ellas.

Cambiar el Mundo

Hace unos días estaba platicando con Alfredo, el dueño de la empresa para la que estaba trabajando hasta hace poco. El hombre es un tipazo dotado de un ingenio y un carisma admirables y afortunadamente para mi llevo una buena relación con él. Después de un rato y dejando los asuntos de trabajo por un lado, me hizo una pregunta que hace mucho no escuchaba: ¿qué es lo que realmente quieres hacer con tu vida?

Esta es una pregunta realmente difícil que muchos desdeñan con respuestas como “quiero ser independiente“, “quiero poner mi negocio“, “retirarme joven” o sandeces por el estilo. Si uno se pone a pensarlo bien es una pregunta muy seria, se refiere a cuál creemos que es nuestro propósito en el Universo o sobre que idea tenemos acerca de nuestra misión de vida. Realmente no es algo que uno debiera contestar a la ligera y merece meditar un poco (en privado antes, si les parece mejor) antes de evadirla.

En mi caso es algo que tengo claro desde hace tiempo: no se trata de trabajo, o de dinero o familia (las tres van y vienen) sino de algo más elemental. Es acerca de cómo justificar tantos años de respirar, comer, estudiar… de vivir.

Mi respuesta es fácil: quiero cambiar el Mundo.

Sé que suena algo cursi, pero cuando lo digo lo digo en serio: creo que nada es perfecto y que nada es estable, y que como seres pensantes (casi todos) tenemos la obligación de afectar nuestro entorno de la manera más positiva para los demás y sobre todo, para los que herederan nuestras broncas.

No se trata tampoco de hacer cosas imposibles: cambiar el mundo no significa –muchas veces– hacer algo cataclísmico que altere la percepción de todos de la noche a la mañana. A veces algo sencillo, algo significativo a la larga puede resultar en un verdadero cambio.

Afortunadamente yo me creo esta historia y Alfredo también me la compró. Ya somos dos entonces. ¿Ven que fácil es?