Archivos Mensuales: noviembre 2006

De finales, inicios y remembranzas

Finalmente ya regresé formalmente; para los que me preguntaban en dónde estaba, les comento que los últimos días estuve fuera de la ciudad de México (mi habitat actual) de viaje en la ciudad en la que viví durante muchos años: a Culiacán, en el estado de Sinaloa, en México. ¿El motivo? Mi mejor amigo, Omar, finalmente decidió casarse y cumpliendo las formalidades del rito, salí para allá para ayudar en lo posible, dar apoyo moral, fungir como padrino de lazo y tomar mucha cerveza en el proceso.

Regresar al entorno en el que viví y crecí desde niño fue una experiencia interesante: una de las cosas que hice allá fue visitar a mis antiguos maestros de escuela -que quieren, siempre fuí un nerd– a los que realmente les debo tanto y que sorprendentemente, ¡aún me recuerdan desde hace tantos años!

Ver a mi mejor amigo de toda la vida (amigos desde los 6 años, y hasta la fecha) siempre es algo muy ameno y divertido, no solo porque hay horas de anécdotas compartidas sino porque seguimos agregando historias al anecdotario. Ver a otros amigos, primos, parientes y conocidos de años por aquellos lares y que no veía en persona desde hace varios años –ahora ya grandes, más gordos, con hijos, etc, etc– pero que desde la primer palabra es como si jamás hubieramos dejado de estar en contacto: todo cordialidad, pura amistad y camaradería. Es bueno sentirse bienvenido y en algunos casos hasta extrañado.

Muchos me preguntaban por allá si pienso regresar a vivir a Sinaloa, y mi respuesta fue (y es) que el mundo se ha hecho muy chico para pensar en estar en un solo lugar; ahora es posible ir y venir en poco tiempo y gastando muy poco. Definitivamente me estaré dando mis vueltas.

Después de estas pequeñas vacaciones regreso a lo que pasa por normalidad estos días (es difícil meterse a bloggear cuando se tiene un cerveza y unos tacos entre uno y el teclado) y espero ponerme al día. Es bueno salir y recordar, pero es mejor estar en casa.

Mil gracias a todos mis alegres amigos, parientes y compadres por la recepción tan cálida y por supuesto, ¡felicidades a los novios!

Niños burbuja

Es dificil crecer sin darse cuenta que el mundo crece con uno: como he dicho, muchos de mis amigos que conocí hace varios años ya se ven también como “gente grande” (pero siguen siendo unos ñoños). Lo que no deja de sorprenderme es como el mundo se va llenando de gente nueva: los niños, hijos de mis propios amigos, parientes y hasta de desconocidos.

Lo que no entiendo es como los nuevos padres sobreprotegen a sus niños hasta el absurdo: no los dejan salir a jugar a la calle, no los dejan andar en patines o en bicicleta porque se pueden lastimar, no los dejan jugar juegos de video o ver TV porque se pueden volver idiotas… para ejemplo basta aquella jocosa anécdota en que casi voy a dar a la cárcel porque casi le pegamos sin querer a un niño con un balón en un parque -básicamente me iban a encerrar por no atrapar un pase de Beto, pero en fin.

¿En qué momento la cultura ortoréxica se apoderó de los niños? Caray, no puedo dejar de pensar en las barbaridades que llegué a hacer cuando era un imberbe chamaco y tengo las cicatrices que lo prueban. Mi punto es que uno no puede hacerse de una idea de cómo es la vida si no nos dejan vivirla, y según yo, eso empieza desde niños. ¿Cómo se puede uno levantar del piso si nunca se ha caído?

En lugar de eso los nuevos padres culpan a todo mundo si a sus niños les pasa cualquier cosa: que si los cereales (como Zucaritas o Capn’ Crunch, por ejemplo) engordan a los niños porque tienen azúcar, que si el Internet los expone a la pornografía, que si los videojuegos los vuelven slackers o los dejan con Síndrome de Falta de Atención, que los dulces tienen plomo y los vuelven idiotas… la lista es larga y en algunos países hasta hay demandas. Una amiga que es japonesa me comentaba hace algunas semanas que en Japón los niños sufren muchísimo cuando se enferman siquiera de gripe común porque no están desarrollando defensas en el ambiente aséptico y neutro que los nuevos padres nipones se esfuerzan por crear para sus hijos.

¡Es absurdo! Si alguno de mis 3 lectores tiene hijos, le pido por favor que agregue en los comentarios sus pensamientos al respecto porque honestamente (y como yo no tengo hijos) me parece difícil comprender esta situación. Los extremos son siempre malos (el Balance es lo de hoy, gente) pero yo creo que más vale dejar ser a un niño que tenerlo amarrado como ornamento para que no le pase nada.

La llegada del Señor

… o sea, de mí! Desde hace algunos meses (poco después de cumplir los 30) ya en cualquier lugar los saludos de desconocidos son “buenas tardes, señor”, “gracias por su compra, señor” o “¿a dónde lo llevo, señor?”

Si mi vida fuera un remake de Fight Club sería divertido, pero (tristemente) no lo es, y parece que debo hacerme a la idea de que, efectivamente, ya me ven como un “señor”. Chas…

Supongo que algunos como mi alegre compadre que es varios años mayor que yo todavía lo saludan con un “¡buenos días, joven!” y otros por el estilo, pero que le vamos a hacer. Por lo menos yo aún tengo todo mi cabello (en la cabeza).

Realmente la cosa no es tan grave como intento que suene, la verdad hasta es un poco divertido y como muchas cosas, es efecto de la vida. Digo, la mayoría de mis amigos ya estan casados o en proceso de estarlo, ya planté un árbol, el asunto del libro no prosperá mucho puedo decir que escribo un blog y a falta de de hijos tengo un gato, así que no me va tan mal. Por otro lado, sigo disfrutando mis comics, mis películas y series animadas, juego con mis gadgets y retengo hasta donde es posible mi capacidad de asombro.

¡Es divertido ser grande sin ser adulto!