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Universidad… ¿Gratuita? ¿Para todos? ¿Para qué?

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En México uno de los derechos constitucionales de todos los mexicanos es el de tener acceso a educación gratuita proveeída por el Estado, y es normal ver escuelas primarias, secundarias, preparatorias y escuelas técnicas fondeadas por el gobierno, e incluso universidades públicas en las que una carrera tiene un costo muy bajo. Sin embargo, es difícil que haya lugar para todos los aspirantes a educación superior y las quejas se comienzan a escuchar:

Jóvenes rechazados del sistema de educación superior en México marcharon para exigir a las autoridades del país la inclusión de miles de estudiantes que no pueden acceder a las universidades públicas por falta de plazas. La Secretaría de Educación Pública acordó abrir 200 mil cupos para el 2014.

Los quejosos también se organizan en grupos como el Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior o para bloquear calles para exigir su “derecho” a una educación gratuita y de calidad.

No es que yo esté en contra de que alguien vaya a estudiar a la universidad, pero analicemos esto por un momento: los recursos de un país -cualquier país-, por muy grandes que sean, son finitos. Simplemente no es posible tener una oferta educativa superior que crezca sin límites y mantenerla gratuita y de buena calidad. Por otro lado, lo que llaman “Educación de Calidad” depende de tener no solo buenos planes de estudio e instalaciones, sino también un buen equipo de docente con profesores y maestros con buena educación y experiencia real sobre lo que enseñan, no que simplemente le pasen el material a cualquier burocrata sindicalizado para que repita cosas que no conoce o  entiende; y tampoco hay una cantidad ilimitada de buenos maestros disponible para echar mano de ellos.

Por otro lado, miles de jóvenes en México no pueden acceder a universidades públicas de nivel superior: de cada 100 estudiantes que hay en el país sólo 32 ingresan a tales centros de estudio, pero ¿por qué la urgencia en tener una carrera universitaria?

Tener una carrera universitaria o estudios de postgrado está ligado a la idea de que tener una carrera universitaria es garantía de que tendrán mejores oportunidades laborales y mejores sueldos que si no la tienen, pero este es un mito perpetuado por las propias escuelas y por la cultura popular donde lo importante no es la educación que se recibe sino el reconocimiento de haber asistido a tal o cual escuela o curso. En ese sentido, nuestro país está lleno de graduados universitarios con aprovechamiento muy bajo y poca preparación para un trabajo en el mundo real. Estos “profesionistas” se vuelven una carga para las empresas que los contratan ya que tienen que invertir en capacitarlos y entrenarlos para un trabajo que en teoría ya deberían saber hacer.

Por desgracia en nuestro caso, el título se ha vuelto más importante que el aprendizaje, y se exhibe como una medalla de honor aunque no haya capacidad que lo respalde. Bajo esta óptica, es mejor tener un título “gratuito” que una educación de calidad, porque esta última si cuesta.

Algo que todos deberían considerar el mundo no se termina si tienen una carrera o no, siempre que puedan demostrar capacidad de realizar el trabajo que se les encomienda. Muchas personas que nunca acabaron sus carreras –Steve Jobs, Bill Gates,  Mark Zuckerberg, etc.– se han convertido en líderes de su industria y en exitosos empresarios sin una educación formal terminada, pero no lo hicieron simplemente dejando la escuela, sino estudiando y aprendiendo por su cuenta. Hay que recordar que no solo en la escuela se puede estudiar y aprender. De la misma manera, miles de personas con carreras universitarias y postgrados viven en el subempleo o en trabajos miserables no por falta de oportunidades, sino porque son incapaces de respaldar curricularmente lo que estudiaron. Afortunadamente el mercado laboral se ha vuelto más sensible a este tema y ya se fija más en la experiencia que en los estudios de una persona.

El tema es complejo y tiene muchas vertientes como para generalizar todos los casos, lo que quiero decir es que todas las personas deberían ganarse el derecho a estudiar por medio de buenas calificaciones en su carrera académica (mérito) en lugar de esperar un paso automático y gratuito simplemente porque “la Constitución lo dice” o porque “es su derecho”. Los que se queden fuera deberían dedicar sus energías en estudiar y aprender por otros medios –libros, cursos, internet, etc– para entregar capacidad en lugar de papeles. En estos días tenemos acceso a muchísima información de manera gratuita o muy barata por medio de la web, por lo que ya no es excusa el no tener un asiento en un salón para dejar de estudiar y prepararse.

La vieja máxima sigue siendo cierta: El Conocimiento es Poder y deberíamos hacernos a la idea de que ningún poder que valga la pena viene gratis. Para obtenerlo hay que trabajar por él.

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El problema con el potencial

Potential

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas que son increíblemente talentosas y que tienen tanto inteligencia y como creatividad admirables… pero que no hacen nada con ellas. Las razones que me han dado varían, ya que parte del problema de ser una persona talentosa es que también son temperamentales y con poca tolerancia a la frustración o al fracaso, y van desde “es que el mundo no está listo para mis ideas” hasta “es que nadie me entiende“.

Todas las personas tenemos el potencial para crear cosas: objetos, arte, ideas, negocios, software… y ese es uno de los principales atributos del ser humano, pero también el tiempo y los recursos para crear son finitos, además de que entre más acceso a herramientas y conocimiento tenemos como sociedad más encarnizada se vuelve la competencia para crear algo que se único y memorable, precisamente porque todos competimos por los mismos recursos. Encima de esto, la presión social hacia el fracaso es enorme, y a nadie le gusta evidenciarse como aquel que lo intentó y falló porque eso nos coloca en el fondo de la cubeta social.

Ese es el problema con el potencial creativo de las personas: es más sencillo quejarse de que falta tiempo, o recursos o cualquier otra cosa en lugar de simplemente poner manos a la obra. Algo que todos deberíamos de tener en mente es que el potencial no es ni infinito ni eterno: conforme pasa el tiempo el potencial de las ideas se va desgastando y agotando. Las ideas son buenas, pero sin una buena ejecución no pasan de ser buenas intenciones (y este es un buen momento para escuchar cuidadosamente la canción Time de Pink Floyd).

Personalmente me da mucha tristeza ver el potencial de una persona desperdiciado y creo que no usarlo es al mismo tiempo egoísta y cobarde, pero la manera en que cada quien usa sus talentos es cosa de cada quien. Ojalá más personas simplemente se animaran a hacer cosas como fuera, más allá del miedo a la crítica o al rechazo, con expectativas realistas de lo que hacen o pueden hacer para que descubran que la manera en que uno se vuelve bueno ejecutando es con la práctica, no meditando al respecto.

Seth Godin escribió en la introducción del libro Do the Work:

Imagina que en la puerta de tu casa hay un coche deportivo. No uno de esos coches ridículos de lujo que son para presumir sino un coche realmente rápido. Y tu tienes las llaves. Ve y manéjalo.

Imagina que en la calle hay un avión privado, con el tanque lleno listo para llevarte a donde tu quieras. Ahí está el piloto, esperándote. Anda y vete.

Imagina que en tu mano hay un Martillo Neumático Chicago 0651 con el que puedes meter un clavo en cualquier cosa, una y otra vez si lo deseas. Es hora de usarlo.

Y ahí tienes un teclado (ese no lo tienes que imaginar) conectado a todo el mundo. Y también tienes una plataforma de publicación que puedes usar para interactuar con cualquier persona en cualquier lugar y en cualquier momento que además es gratuita. ¿Querías nivelar el terreno y tener una oportunidad para mostrar que eres tan bueno como cualquier otra persona? Aquí está, ahora ponte a trabajar.

Hay dos tipos de personas: las que hacen y las que dicen que hacen ¿De qué clase eres tú?.

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5 aprendizajes como emprendedor

Startups

Después de mi trabajo en Microsoft quería cambiar la dinámica en la que había estado trabajando por casi 4 años y mitad accidente mitad queriendo, abrí mi propio negocio: Tesseract Space. Este no es mi primer emprendimiento, ya antes había tenido otros negocios propios y de cada uno tuve diferentes aprendizajes, pero esta vez traía bajo el brazo más edad (cuenta), más preparación en cómo hacer negocios y más ideas sobre cómo cambiar al mundo. Dos años y medio después, quiero compartir los cinco aprendizajes principales que he adquirido en este emprendimiento:

  1. Sé flexible. Parte del chiste de ser un emprendedor es que el equipo es pequeño y los recursos también. Para alguien acostumbrado a trabajar en un entorno donde lo básico ya está resuelto puede ser muy incómodo tener que resolver todo: desde la limpieza de la oficina hasta el cambio de los cartuchos de la impresora o el mantenimiento de los equipos. Ser flexible en este sentido implica que es necesario sacar las cosas adelante en lugar de estar renegando de que nada funciona.
  2. Enfócate. Muchas personas piensan que tener un negocio propio siginifica no tener horarios, llegar tarde, salir temprano y tomarse tres horas para comer. Otras piensan que pueden hacer reuniones de cuatro horas para lluvias de ideas o invertir toda la mañana leyendo en Facebook o bajando ringtones para su teléfono. Ninguna de estas ideas es cierta, pero es fácil caer en la tentación de querer hacer de todo o de tomarse el trabajo  con excesiva calma. La clave del éxito de un emprendimiento es enfocarse en  lo que es importante, todo lo demás es opcional.
  3. Crea productos que vendan. Si bien el emprendimiento surge de darle forma a ideas e inquietudes propias, al final también debe ser un negocio. Si el producto o servicio que estamos desarrollando no le interesa a la gente lo suficiente para gastar en él entonces hay que cambiar el enfoque, hacer algo diferente o asegurar financiamiento de otra parte. ¡La pasión sola no sirve para pagar las cuentas!.
  4. La gente es importante. Las historias en las que una persona sola creaba su propio negocio encerrado en una cochera o en su cuarto son las menos. Estos días poder atraer a personas talentosas que compartan la idea y pasión del emprendimiento es crítico para poder tener productos y servicios de valor. Tampoco se trata de invitar a los amigos y comenzar un club social, sino a gente inteligente y responsable que pueda ayudar a enfocar el trabajo y a producir. Es difícil contratar personas que uno no conoce, pero lo importante es que puedan entregar resultados.
  5. La ejecución es lo más importante. Los cuatro puntos anteriores convergen en este: las ideas son buenas pero por sin una buena ejecución no sirven para nada. Si somos capaces de evitar los problemas pequeños y de enfocarnos en hacer productos tangibles que la gente quiera y que sean mantenidos por un equipo de personas excepcionales, entonces tenemos un negocio. SI fallamos en crear algo que la gente pueda y quiera usar entonces solo tenemos un montón de buenas intenciones. Sin ejecución, todo lo demás carece de sentido.

Debo decir que yo mismo he fallado en cada uno de estos puntos en algún momento, pero justo ahí es donde está el aprendizaje, y no importa como se adquiera, todo el conocimiento suma. Espero que estas recomendaciones le puedan servir a alguien más que esté pensando en arrancar su negocio o que ya tenga uno.

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A Glimpse of Fate

A Glimpse of Fate

Pasando lista a los gadgets de trabajo

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El startup de $100

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Ser emprendedor no es algo fácil, ni para todas las personas: no hay una receta que garantice el éxito de un emprendimiento aunque se siga al pie de la letra, ya que hay muchas variables (económicas, tecnológicas, humanas, culturales, kármicas, etc.) que afectan lo que hacemos y que están en constante cambio y evolución. De la misma manera, no todos los que emprenden se van a convertir en el siguiente Bill Gates o Mark Zuckerberg –o a quien sea que le recen por dólares-.

Los pocos casos de éxito que a la prensa y a los blogueros les encanta promulgar una y otra vez como Google, Apple, Netflix, Amazon, Twitter o Facebook son una ínfima representación de la cantidad de personas que tienen un emprendimiento y en el que la inmensa mayoría termina fracasando, por falta de recursos, de oportunidad, de contactos, de un buen plan de negocios o simplemente por mala suerte. Poco más del 80% de los emprendimientos nuevos cierran operaciones dentro de los primeros dos años de su arranque.

The 100 startupHay muchas lecciones que podemos aprender de las personas que han comenzado un negocio y es posible, con dedicación y cuidado, poder tener un negocio exitoso. Un libro muy interesante que me encontré hace tiempo llamado $100 Startup, de Chris Guillebeau tiene muy buenas lecciones al respecto y tiene una buena dosis de historias de emprendedores de todas partes del mundo (no solo de Estados Unidos), de todas las edades (desde 16 años hasta más de 60) y de todo tipo de negocios (desde la chica que vende guantes tejidos por internet hasta un señor que entrega colchones a domicilio usando su bicicleta).

Entre los muchos consejos que tiene el libro me llamó mucho la atención el asunto de las cinco P´s del emprendedor, que resumen de una forma muy simple lo que alguien necesita para arrancar un negocio:

  • Pasión. Sin pasión es imposible comenzar nada. Los que están buscando iniciar su negocio para levantarse tarde, dormirse temprano y tener comidas de tres horas deberían buscar en otra parte. La pasión por el emprendimiento -sea lo que sea- es el ingrediente principal para salir adelante en los momentos difíciles y para convencer a otros que tus ideas valen la pena.
  • Propósito. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar mejor. Si no sabes cómo nuestro emprendimiento ayuda a otras personas o empresas a ser más plenos entonces no tienes que ofrecerles y por lo tanto no tienes negocio tampoco. Es muy importante que nos quede bien claro qué estas haciendo antes de renunciar al trabajo, vaciar la cuenta de ahorros o rentar una oficina.
  • Personas. Debemos tener bien claro quién o quiénes van a utilizar lo que sea que hagamos, ya sea un producto o un servicio. Si lo que hacemos no conecta con las personas o solo a nosotros nos queda claro que hacemos, costará mucho trabajo que la gente nos quiera pagar por lo que hacemos. De la misma manera, no es necesario tener un equipo de trabajo a menos que el negocio lo amerite, y si vas a invertir en personal asegúrate que sean personas con las habilidades adecuadas y que compartan la pasión por tu emprendimiento.
  • Producto. Un emprendimiento debe ofrecer algo: un producto o un servicio que la gente necesite. Si no tienes un producto –aunque sea en beta– entonces no tienes nada más que una idea y buenas intenciones. Asegúrate que tienes un producto o al menos una prueba de concepto antes de comenzar a promoverte.
  • Partners (en español “socios“, pero quería mantener la ‘P’). Ser emprendedor ya no es trabajo para una sola persona: busca otras personas o empresas que puedan ayudarte a llevar tu emprendimiento a la realidad. Escoge a tus socios con cuidado y no invites a tu primo o a tu compadre solo porque te caen bien o los conoces desde hace mucho, un socio debe ayudarte y apoyarte en tu emprendimiento, no hacerte compañía para que no te sientas solo.

Por supuesto, hay muchos más consejos y técnicas para arrancar un negocio, pero lo más importante es poner manos a la obra y lo demás vendrá solo. Estas cinco P´s pueden ser la guía para iniciar en pequeño y poder evitar el miedo y los errores típicos que los emprendedores sufren justo al comenzar algo nuevo o diferente.

¡Manos a la obra!

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Cerrando ciclos: adiós a Microsoft

Bluemonster

En diciembre de 2006 recibí una críptica llamada telefónica para que fuera a una entrevista de trabajo para un puesto relacionado con algo llamado “Experiencia de Usuario“. Un par de llamadas más tarde me enteré que el puesto era para Microsoft México, lo cual me pareció realmente extraño, ya que en esos años (que recuerdo con cariño como “mis años en Webmasters México”) yo solía hablar sobre Open Source y empezaba a hablar sobre las nacientes APIs de Google para programadores. La verdad yo pensaba que era muy improbable que Microsoft quisiera contratarme después de que en repetidas ocasiones yo había criticado fuertemente y en público la propuesta tecnológica de la empresa de Redmond (cuando le conté a mi esposa ella se rió como media hora de mí).

La propuesta sin embargo era en serio: un puesto nuevo y recién creado para una iniciativa nueva para Microsoft en un grupo nuevo a nivel mundial que involucraba diseño, usabilidad, accesibilidad y un montón de cosas que yo siempre había hecho de una forma o de otra. Cuando me comentaron que mi trabajo consistiría en hacer presentaciones, aprender nuevas tecnologías y enseñar a otros a usarlas me quedé con la duda de cuál sería el trabajo realmente… ¡todo eso lo hacía de cualquier manera!

Así fue como en 2007 empecé –contra todo pronóstico– a trabajar en Microsoft México como 12vo User Experience Evangelist a nivel mundial y el único en latinoamérica en ese entonces, siendo responsable o co-responsable de algunas tecnologías de Microsoft como son Silverlight, Expression Studio, Windows Live, Internet Explorer, Windows Phone y buena parte de la plataforma web de la empresa.

Después de 4 años y por motivos personales esta semana dejo mi puesto en Microsoft México.

Para mi han sido cuatro años llenos de satisfacciones en los cuales tuve la oportunidad de trabajar y colaborar lado a lado con lo mejor de la industria Web de México y en la cuales juntos logramos grandes metas que han beneficiado la innovación tecnológica en nuestro país y nuestra comunidad. Me llevo momentos y experiencias extraordinarias, como el ReMIX ’07 o el lanzamiento de Expression Around the Clock, por mencionar sólo un par. Poder trabajar con el equipo mundial de User Experience de Microsoft ha sido una de las vivencias más enriquecedoras que he tenido.

¿Por qué dejo Microsoft? Sencillamente por que ya era tiempo de hacerlo. El mundo de la tecnología cambia mucho y muy rápido y considerándome a mí mismo un Activista Tecnológico ya necesitaba un cambio de aires, tanto en visión como en acción.

En mi caso, seguiré trabajando en temas de Web, movilidad y experiencia de usuario en México, ya tengo algunas cosas planeadas para los siguientes meses en la línea de UX.

Me llevo de Microsoft buenos recuerdos, experiencias y buenos amigos en todas partes del mundo. Gracias de nuevo a todos por todo su apoyo y confianza.

Se ofrece trabajo

Desde hace ya varios años decidí que, como programador, me dedicaría a trabajar de lleno y completamente hacia la Web e Internet. Muchos amigos entonces fueron tan amables como para recordarme que El Negocio estaba en hacer soluciones de escritorio o cuando mucho, de cliente/servidor. Loco e insensato como soy, hice lo de siempre –lo que me dió la gana– y puedo decir con certeza que estoy contento con mi decisión: la Web es lo de hoy y llegó para quedarse.

Estos son días muy buenos para trabajar en la Web desde cualquier aspecto: como programador, como diseñador, escritor, redactor, mercadólogo, sysadmin o lo que sea, pero tristemente no hay suficiente talento del bueno para suplir la demanda.

Tal vez sea que llevo metido mucho tiempo en esto, pero hay muchas empresas que me escriben o llaman pidiéndome que les ayude a encontrar gente que quiera trabajar con ellos, ¡lo malo es que ya me estoy quedando sin gente que recomendar!

Por ejemplo, en estos días se buscan:

  • diseñadores gráficos y/o de interactivos que deseen trabajar en una de las agencias del top 10 de publicidad en México.
  • un programador web con conocimientos de ASP.NET y/o PHP que desee trabajar en una agencia de publicidad del top 10 mundial (es diferente a la de arriba).
  • mercadólogos con experiencia en medios electrónicos que deseen trabajar en una gran transnacional norteamericana del Fortune 100 en su oficina local.

Así que hagamos algo: si buscan trabajo envíenme su CV o una dirección donde se pueda consultar y yo los recomiendo. Si no quieren enviarme un correo pueden buscarme en LinkedIn, en Hi5, en eConozco o en Tagged. Esto lo hago por cuatitud y por apoyar el medio. Yo no gano nada excepto conocer gente talentosa y buen karma.

Para que no digan que no hay chamba… ¿quién dijo yo?

Cambiar el Mundo

Hace unos días estaba platicando con Alfredo, el dueño de la empresa para la que estaba trabajando hasta hace poco. El hombre es un tipazo dotado de un ingenio y un carisma admirables y afortunadamente para mi llevo una buena relación con él. Después de un rato y dejando los asuntos de trabajo por un lado, me hizo una pregunta que hace mucho no escuchaba: ¿qué es lo que realmente quieres hacer con tu vida?

Esta es una pregunta realmente difícil que muchos desdeñan con respuestas como “quiero ser independiente“, “quiero poner mi negocio“, “retirarme joven” o sandeces por el estilo. Si uno se pone a pensarlo bien es una pregunta muy seria, se refiere a cuál creemos que es nuestro propósito en el Universo o sobre que idea tenemos acerca de nuestra misión de vida. Realmente no es algo que uno debiera contestar a la ligera y merece meditar un poco (en privado antes, si les parece mejor) antes de evadirla.

En mi caso es algo que tengo claro desde hace tiempo: no se trata de trabajo, o de dinero o familia (las tres van y vienen) sino de algo más elemental. Es acerca de cómo justificar tantos años de respirar, comer, estudiar… de vivir.

Mi respuesta es fácil: quiero cambiar el Mundo.

Sé que suena algo cursi, pero cuando lo digo lo digo en serio: creo que nada es perfecto y que nada es estable, y que como seres pensantes (casi todos) tenemos la obligación de afectar nuestro entorno de la manera más positiva para los demás y sobre todo, para los que herederan nuestras broncas.

No se trata tampoco de hacer cosas imposibles: cambiar el mundo no significa –muchas veces– hacer algo cataclísmico que altere la percepción de todos de la noche a la mañana. A veces algo sencillo, algo significativo a la larga puede resultar en un verdadero cambio.

Afortunadamente yo me creo esta historia y Alfredo también me la compró. Ya somos dos entonces. ¿Ven que fácil es?