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La realidad está rota

Cristal roto

Escribí hace algunos meses un artículo para MSN sobre cómo los videojuegos pueden ayudar a salvar al mundo en el que citaba las ideas de Jane McGonigal sobre que para los jóvenes “la realidad está rota” porque no se les permite participar de forma activa o importante en la solución de los problemas del mundo hasta que son mayores de edad; antes de eso único su “trabajo” es estudiar y preparase para cuando sean adultos. Esta es una de las razones por las que los jóvenes, exiliados de la realidad y forzados a ser solo espectadores quejosos mueven sus inquietudes y energía en los videojuegos, ya que ahí pueden hacer lo que sea: salvar a la princesa o al mundo, explorar el espacio y vencer a los malos. Debido a esta disfunción de la sociedad esta década tendremos la mayor cantidad de videojugadores de la historia.

¿Qué pasa cuando los jóvenes crecen y pueden participar activamente en los problemas del mundo?

Aquí la historia se complica aún más: para los jóvenes adultos el mundo es una combinación de decisiones y circunstancias en las que ellos no pariticiparon ni fueron consultados, y que tampoco pueden cambiar de un día para otro. Aunque unos cuantos sobresalen y llegan a tener un impacto significativo en sus sociedades desde una edad temprana, el grueso de la población juvenil no le queda de otra más que asumir las decisiones que otros han tomado por ellos y darles seguimiento, ya que como “jóvenes adultos” solo se les permite participar siempre que sigan las reglas que ya están establecidas. Contravenir el orden establecido puede ocasionar aislamiento y rechazo de la sociedad hacia ellos que no todos logran superar, lo que los convierte en parte del sistema y perpetúa vicios al tiempo que hace más difícil que las cosas cambien.

La dinámica de los videojuegos se vuelve eventualmente un problema, porque si en los juegos las personas encuentran retos que generan un “stress controlado“, al final los problemas del videojuego siempre pueden ser resueltos de una forma de otra ya sea preguntando, buscando cheats en internet o comprando libros o guías para terminar los juegos. Aunque estas “técnicas” son aborrecidas por los jugadores serios (hardcore gamers), muchos jugadores casuales suelen hacer uso de ellas para simplemente evitarse el trabajo de ganar por mérito propio bajo la premisa de que “lo importante no es saber, sino conocer al que sabe“.

La industria de los juegos casuales en un intento de monetizar su trabajo ha generado la trampa de “Paga para Ganar” (Pay to Win o P2W) en la que pueden resolver los juegos pagando para simplificarse el camino y tener buenas puntuaciones con la menor complejidad posible. Si los videojuegos son simuladores de la realidad y queremos verlos como herramientas educacionales, entonces se le está enseñando a los jóvenes que la forma más simple de superar un problema es pagando, lo que desvirtua la idea original del juego de aprender superando dificultades, condicionando el Epic Win a un pago con dinero real.

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Como adultos, los jóvenes jugadores experimentan la frustración de que en el mundo real no es tan sencillo generar dinero y de que los obstáculos no pueden pasarse robando respuestas en libros o en internet, lo que ocasiona que se “retiren” del juego: es más sencillo obedecer las reglas al mínimo para obtener un resultado mediocre que esforzarse, porque eso es lo que han aprendido.

Creo firmemente que los videojuegos pueden servir como vehículo educativo para todas las personas sin importar su edad, género o cultura, pero es innegable que esa educación puede ser tanto a favor como en contra del beneficio de los individuos como de la sociedad. Los creadores de videojuegos deben entender y asumir la resposabilidad formativa que tienen para evitar la creación de vicios culturales en las nuevas generaciones de videojugadores. Si un jugador debería comprar algo en un juego deberían ser misiones o retos extras, no una salida fácil del juego. El Pay to Win es el equivalente a la corrupción dentro de los videojuegos que en el mundo real se reflejará como tal.

Por otro lado: ¿por qué no dar más oportunidades a los jóvenes de participar en el mundo real? Ese trabajo nos toca a los demás y comienza dándoles a los más chicos respeto y oportunidades para que crezcan aprendiendo no solo de la academia, sino de lo que pueden hacer en la realidad para que puedan enmendarla.

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