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"Mala suerte"

¿Alguna vez te ha tocado uno de esos días en los que todo sale mal? ¿Uno de esos días en los que no importa que tanto cuidado pongas o cuánto te esmeres todo parece estar en tu contra? Es uno de esos días, dirian algunos, de mala suerte.

Un conocido mío –el bastardo no puede decirse mi amigo– se juraba ateo hasta los huesos y no solo no creía en ninguna religión organizada sino que ni siquiera creía en la suerte de ningún tipo, ni buena ni mala. Este cuate sostenía que nosotros mismos nos labramos nuestro destino y que si nos va bien o mal en la vida es gracias o por culpa de nosotros mismos.

No podría yo estar más de acuerdo, especialmente porque a este tipo siempre le salían las cosas mal.

La suerte no es otra cosa que el resultado visible de nuestras acciones y la de los que nos rodean: cuando nos salen las cosas de la manera que queremos (yo no creo en los conceptos de ‘bien’ o ‘mal’) es más sencillo que otras cosas salgan de la misma manera. De manera similar, cuando las cosas salen en contra nuestra lo más simple que es las cosas sigan saliendo de esa manera. Simple actitud mental.

No voy a negar que yo mismo he tenido uno de esos días –de hecho acabo de pasar por uno– pero la manera de salir a flote o es ni tirándonos a la desgracia ni quejándonos de nuestra suerte, sino asimilando la situación, encontrando la causa del problema y esforzándonos cambiar nuestra suerte. No es fácil romper esta inercia kármica pero es posible, sobre todo si lo hacemos conscientemente. O como dicen muchos, ‘a Dios orando y con el mazo dando‘.

Sueños y realidad

Cualquiera puede decir que es fácil soñar, ¿cierto? Imaginar cosas, llegar a metas y resultados mientras se mira el techo es algo sencillo, a veces divertido e incluso hasta motivador, uno puede ver en el ojo de la mente como se cristalizan nuestras ilusiones de diferentes formas y sin siquiera levantar un dedo. En los sueños y fantasías somos amos y señores de todas las cosas y todo funciona a la perfección.

La maravilla de los sueños es que son el lugar donde se gesta la realidad: no hay casi nada en el mundo –en el mundo humano al menos– que no haya sido imaginado por alguien antes.

La realidad es diferente porque en ella hay que trabajar para que las cosas pasen, y por lo general hay que luchar con circunstancias adversas que muchas veces no preevemos por falta de conocimiento, imaginación o experiencia. El asunto con los sueños es que son como espejismos: vemos lo que queremos ver y a veces son el motor y la motivación para recorrer grandes distancias, pero mientras no se lleven a la Realidad estos no dejarán de ser simplemente humo y aire caliente.

La realidad es dura porque, básicamente, solo hay una y hay que compartirla con los demás, mientras que los sueños son algo personal. La suma de nuestros Sueños es lo que vemos como el mundo cuando estamos despiertos.

Aquí no hay buenos o malos: al soñar creamos y hay que esforzarse por hacer esos sueños realidad manifiesta, ya que solos nunca lo harán, o como leí en algún lado, «la teoría sin la práctica es un mero ejercicio intelectual, la práctica sin teoría es simple pérdida de tiempo«. Recuerden, todo lo que puedan imaginarse podría ser algo real, no hay imposibles.

Grandes éxitos de TBOF

Por estos días ya tengo casi tres años de escribir The Book of Fate, y aunque no he sido tan constante como a mi mismo me gustaría –¡tengo excelentes excusas, créanme!– hay varios textos que se han colocado como favoritos personales:

  • El día que el mundo no se acabó: el día que el asteroide asesino pasó de visita y en el que todo mundo temía por su vida. Este fue uno de los primeros textos que coloqué por acá.
  • Cuatro tipos de bloggers: después de navegar un rato en la blogósfera es innevitable mirarla con ojos curiosos y ver qué tipo de personas escribimos acá y por qué. Según yo caemos en 4 categorías.
  • El libro de los nombres muertos: me confieso gran fan de las historias de H.P. Lovecraft y el Necronomicón es una de sus más grandes creaciones, que les guste o no, sigue siendo un libro ficticio.

  • Galardon.com.mx amenaza con demandarme por criticar su sitio web: ah, este post todavía genera risas en los Beers & Blogs y muchos bloggers me recuerdan por esta jocosa historia, je, je, je.
  • La historia secreta de los Pitufos: esta pequeña fábula de necedades es lo que pasa cuando me dejan tomar demasiado café. A la fecha, una de las favoritas de los buscadores.

  • Hágalo usted mismo: cómo revivir un iPod. De mi serie de ‘hágalo usted mismo‘ este es uno de los textos que más satisfacciones me ha dado y espero también a muchos poseedores de iPods descompuestos.

Claro, hay más textos (como 300 más) que en la medida de lo posible he tratado que sean tan originales y personales como he podido y seguro estaré escribiendo por un buen rato más ya que sencillamente, ¡es muy divertido!.

Pasarse de listo

Cuando estaba en la universidad escuché de labios de un «amigo» de aquella época aquello de que ‘el que no tranza no avanza«, siendo ‘tranza‘ sinónimo de estafa, engaño o maña. Desde entonces y a la fecha la frase me repele y las personas que se suscriben a ella me parecen de menos pequeñas y miserables. Muy a mi pesar parece que esta consigna es para algunos una práctica diaria y hasta un modus vivendi.

Basta con mirar alrededor y es fácil reconocerlos: son personas que saben que con sobornos pueden zafarse de una multa, que por conocer a alguien en una posición de poder se sienten asociados y protegidos por ese poder o que toman ideas ajenas para presentarlas como propias.

No es el acto de la ‘tranza‘ en sí lo repudiable, sino las intenciones detrás del acto ya que las personas que recurren a estas mañas saben de antemano que están haciendo algo indebido y con premeditación lo realizan y cuando se salen con la suya se sienten con satisfacción más listos que los demás, de ahí la frase «pasarse de listo«.

¿Es realmente hacer una tranza algo que hace una persona lista o inteligente? Algunos dirán que sí, que si se ve la oportunidad hay que tomarla, que primero está el bienestar personal antes que el ajeno y que simplemente, así es la vida.

Personalmente –y a riesgo de sonar como un ñoño– prefiero pensar todo lo contrario y que toda acción causa una reacción igual y contraria: si tranzas, eventualmente alguien te tranzará; si robas alguien más te robará en algún momento. No es una cuestión de justicia sino de Equilibrio. Me gusta creer que es mejor ofrecer, confiar y ayudar a los demás ya que ese beneficio regresa a uno tarde o temprano. Es una cuestión kármica, si quieren.

Por supuesto, esto no funciona a menos que se practique de manera consciente y consistente. ¿El que no tranza no avanza? Patrañas. Prefiero ‘haz el bien sin mirar a quién‘.

Cambiar el Mundo

Hace unos días estaba platicando con Alfredo, el dueño de la empresa para la que estaba trabajando hasta hace poco. El hombre es un tipazo dotado de un ingenio y un carisma admirables y afortunadamente para mi llevo una buena relación con él. Después de un rato y dejando los asuntos de trabajo por un lado, me hizo una pregunta que hace mucho no escuchaba: ¿qué es lo que realmente quieres hacer con tu vida?

Esta es una pregunta realmente difícil que muchos desdeñan con respuestas como «quiero ser independiente«, «quiero poner mi negocio«, «retirarme joven» o sandeces por el estilo. Si uno se pone a pensarlo bien es una pregunta muy seria, se refiere a cuál creemos que es nuestro propósito en el Universo o sobre que idea tenemos acerca de nuestra misión de vida. Realmente no es algo que uno debiera contestar a la ligera y merece meditar un poco (en privado antes, si les parece mejor) antes de evadirla.

En mi caso es algo que tengo claro desde hace tiempo: no se trata de trabajo, o de dinero o familia (las tres van y vienen) sino de algo más elemental. Es acerca de cómo justificar tantos años de respirar, comer, estudiar… de vivir.

Mi respuesta es fácil: quiero cambiar el Mundo.

Sé que suena algo cursi, pero cuando lo digo lo digo en serio: creo que nada es perfecto y que nada es estable, y que como seres pensantes (casi todos) tenemos la obligación de afectar nuestro entorno de la manera más positiva para los demás y sobre todo, para los que herederan nuestras broncas.

No se trata tampoco de hacer cosas imposibles: cambiar el mundo no significa –muchas veces– hacer algo cataclísmico que altere la percepción de todos de la noche a la mañana. A veces algo sencillo, algo significativo a la larga puede resultar en un verdadero cambio.

Afortunadamente yo me creo esta historia y Alfredo también me la compró. Ya somos dos entonces. ¿Ven que fácil es?

El primer día del otoño

También en este día se celebra el día dedica a San Mauricio, un santo bastante merol, fuente de algunos de mis extraños poderes:

San Mauricio era oficial de la legión tebana del ejército de emperador Maximiliano Herculio, la cual estaba compuesta por cristianos del Alto Egipto. Mauricio, al igual que sus compañeros, se rehusó a seguir las órdenes del emperador de hacer sacrificios a los dioses para asegurar la victoria sobre el rebelde Bagaudae.

Al desobedecer en repetidas ocasiones, se separaron del ejército acantonado en Octodurum (Martigny) cerca del Lago Ginebra y partieron a Agaunum (St. Maurice-en-Valais), Maximiliano hizo que toda una legión de más de seis mil hombres fuera muerta. Los legionarios fueron animados en su fe por Mauricio y dos compañeros suyos: Exuperio y Cándido. Su historia fue relatada por San Euquerio quien llegó a ser obispo de Lyon alrededor del año 434.