Educación y cultura digital en México

Hace un par de días terminé de leer “The Google Story” de David Wise y Mark Malseed, en busca de un poco de inspiración y sabiduría, y aunque el libro está escrito en el más puro estilo propagandista (está mucho más interesante The Search, de John Battelle, que es el que estoy leyendo estos días) tiene muchos datos anecdóticos que vale la pena conocer. En mi caso me interesaba saber cómo fué que Google se sobrevivió la ruptura de la burbuja Web en 2000-2001, si no por otra cosa porque en esa época recuerdo haber visto muchas empresas Web en México que tronaron horriblemente.

Bueno, la cuestión no es tan romántica como a algunos les gusta pensar: Larry Page y Sergei Brin no eran precisamente pasantes del Poli de la UNAM, eran entonces estudiantes de posgrado de la Universidad de Stanford, en el corazón del entonces naciente Silicon Valley, y estudiantes avanzados e inteligentes por lo que cuentan. Gran parte del apoyo para darle el empujón inicial vino por parte del rector de Stanford que los puso en contacto con personas clave de la industria y los ayudó a conseguir el financiamiento ($100,000 USD) para empezar. Después fue cuestión de ir haciéndose de otros ingenieros que se quedaron sin trabajo cuando explotó la burbuja.

Por supuesto, yo recuerdo exactamente la clase de apoyo que la universidad (yo estudié en ESIME del Poli) nos daba a los estudiantes: ninguno. Teníamos equipo viejísimo (hasta 486) y desactualizado, no había cableado de red y algunos maestros tenían ‘precio de pase’ obligatorio, ya fuera en efectivo, trabajo gratuito o cosas por el estilo. Recuerdo con desagrado que el último año y medio apenas me paré a tomar clases, aunque me fascinó trabajar mi tesis con los maestros de posgrado.

Saliendo de la universidad las cosas no son muy alentadoras: las escuelas públicas en México gradúan técnicos para maquila, no profesionistas con preparación para abrir un negocio de ningún tipo, y en México no hay parques industriales estilo ‘Silicon Valley‘ en los cuales uno pueda trabajar, tomar experiencia o hacer relaciones con gente del medio.

Incluso muchas de las comunidades de desarrolladores e ingenieros en nuestro país están plagadas de vicios, favoritismos y elitismo, y cuesta mucho trabajo rodearse de personas que deseen aprender y compartir en lugar de acaparar y arrebatar, y los grandes corporativos transnacionales están a la casa de talentos para pagarles $12 USD la hora de desarrollo.

Visto de esta forma, es difícil que un fenómeno tecnológico/empresarial/cultural como Google pueda ocurrir en México, si no por otra cosa porque nuestros mentores nos lo han dicho así una y otra vez, porque a las empresas les interesa más lavarles el cerebro a los jóvenes y porque realmente a nadie le importa un carajo la situación, mientras tengan para vivir bien.

Sin embargo tengo mis esperanzas altas, e incluso sé que en mi antigua escuela muchas cosas están cambiando –lentamente, cierto, pero hay cambio. Ojalá pronto veamos un empresa mexicana de tecnología en la Bolsa de Valores o exportando conocimiento en lugar de materias primas y lo mejor, ojalá que el compartir, el ser honestos y que el lema de los fundadores de Google ‘don’t be evil‘ sean ideas con las que vivamos a diario en nuestros trabajos.

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