Ver para creer

Hace algunos años, un amigo mío me escribió un correo muy consternado comentándome que le había llegado un correo de otro amigo suyo con una nota sobre un nuevo virus de computadora que ‘borraba el disco duro, quemaba la motherboard‘ y que prácticamente convertiría su PC en un pisapapeles. La forma de reconocer este virus –decía el correo– era encontrando un cierto archivo con terminación .DLL que, en caso de que existiera, había que borrarlo para evitar que la computadora se colapsara.

Sobra decir que toda esta historia son patrañas: el DLL en cuestión es un archivo básico para el funcionamiento del sistema operativo, y al borrarlo se está haciendo exactamente lo que se pretende evitar, volver la máquina inútil.

Afortunadamente mi amigo hizo más caso a mi recomendación que a la su otro amigo, pero en esos días escuché de muchas historias similares, y por supuesto, de personas que volvieron inútiles sus sistemas. Este es un claro ejemplo de un virus social: ni siquiera hay que saber programar, solo hace falta escribir una mentira con ciertas bases de verdad para ver como los mismos usuarios empiezan a descomponer sus propias máquinas por miedo. Aunque hay una deliciosa ironía en este asunto, lo increíble es que la gente se crea todo lo que le dicen solo porque sí, sin averiguar más sobre el tema.

Lo mismo aplica a otros mitos y leyendas urbanas que gracias a la Web pueden propagarse rápidamente: la famosa estafa de Nigeria, los robos de riñones en las fiestas, los rumores de la bolsa de valores, sobre el gobierno, la guerra, las conspiraciones y cualquier cantidad de necedades que encuentran público en las personas de mente floja y descuidada.

Lo que quiero decir es: ¿por qué existiendo tantísimas fuentes de información confiable –dentro y fuera del Internet– pocos se toman la molestia de investigar más sobre lo que leen y escuchan a diario? Los nuevos mitos llenan esa absurda pero real necesidad de las personas de creer en algo extraordinario para tener algo de platicar o poder ser los primeros en dar la alerta y tener un poco de atención hacia si mismos.

Algunas excelentes fuentes de información para desmentir mitos y rumores son:

  • Magonia, blog de Luis Alfonso Gámez, que en forma constante escribe sobre temas de OVNIS y fantasmas con un punto de vista excéptico.
  • Security Response de Symantec, donde se desmienten alertas de virus y otras amenazas informática, y se publican alertas reales y formas de solucionarlas. McAffe mantiene un sitio similar llamado Virus Hoaxes.
  • HoaxBusters, un directorio de mitos y leyendas urbanas que cubren desde cadenas de correo hasta rumores de boca en boca.
  • La Wikipedia, la mayor colección de datos públicos que existe en Internet, hecha con el esfuerzo colaborativo de los cibernautas.

Vale la pena cuestionarse un poco no solo lo que escuchamos y leeemos, sino también algunas cosas que damos por sentadas. De no hacerlo, corremos el riesgo de ser víctimas no solo del engaño, sino de la peor de las ignorancias: la propia.

Para los que toman estas cosas un poco menos en serio, el buen RodMan hizo una excelente recopilación de leyendas urbanas mexicanas. Aquí esta la parte uno y acá la parte dos.

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