El Rey de la Creación

Recuerdo haber leído hace mucho, mucho tiempo en El Secreto más Grande del Mundo de Og Mandino (todos debemos tener estas lecturas en nuestro haber, si acaso solo para criticarlas) que -parafraseando – ‘en la actualidad la sociedad ha perdido su capacidad de asombro. La Biblia contaba como Dios había hecho a la Tierra y al Hombre el pináculo de su Creación, y la ciencia poco a poco le quitó este estatus: primero quitó la Tierra del centro del Universo, después quitó al Sol del Centro del Universo, eliminó el origen de la creación para sustituirlo por la teoría de la Evolución y el Big-Bang. La religión le había dado al Hombre el título de Rey de la Creación y la ciencia se lo arrebató, dejándolo a merced de sus dudas y temores‘.

Oh. Por. Dios.

Textos como este me hacen entender en parte porque el grueso de la gente se aferra a la religión –la que sea– para no sentirse pequeños e insignificantes, sofocados por el enormidad del Universo, aunque también estamos hablando de que en esta época nuestro propio planeta nos empieza a quedar chico y el camino más seguro a nuevos horizontes es, sin muchas dudas, la ciencia.

Lo que no entiendo es porque las personas huyen de la ciencia y la satanizan, cuando realmente a través de ella se pueden entender y presenciar milagros que harian que los patriarcas de la Biblia se comieran sus barbas: podemos presenciar el nacimiento de estrellas nova, podemos ver las colinas de Marte y las profundidades del mar. La ciencia nos ofrece una ventana abierta a las maravillas naturales.

Un excelente libro que puedo recomendar sobre este tema es ‘Dreams of a Final Theory‘, del ganador del premio Nobel de Física en 1979, el doctor Steven Weinberg. En este libro, el Dr. Weinberg cuenta la historia de la aventura intelectual más grande de la humanidad: la búsqueda de las leyes últimas de la naturaleza y la respuesta final a las preguntas sobre porqué el Universo es como es. En el libro se describe la forma de una Teoría Final que pueda explicarlo todo y el impacto que esta tendría sobre el espíritu humano. El Dr. Weinberg ofrece a través del reduccionismo (el impulso a rastrear los fenómenos naturales en niveles y escalas cada vez más pequeños) un curioso análisis de la relevancia de la belleza y la simetría en las teorías científicas.

Aunque el libro coquetea un poco con filosofía y metafísica de puesto de mercado, es una excelente lectura que ofrece una introducción sencilla a temas muy complicados como la física cuántica o la teoría de la relatividad, pero su principal valor radica en que nos hace entender que si el Hombre es el Rey de la Creación es porque puede entender estas maravillas, y que si existe un Dios, entonces se encuentra en todos lados, no clavado a una cruz dentro de una Iglesia.

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