Los comunistas esos…

En 1991 el mundo fue tomado por sorpresa cuando empezó a correr la noticia de que un tal Linus Torvalds había escrito el código para el núcleo de un sistema operativo para computadoras basadas en tecnología de Intel. El escándalo no fue porque un estudiante escribiera un pedazo de código muy sofisticado, sino porque tuvo la audacia de publicarlo en -la entonces naciente- Internet para que cualquiera que le interesara lo pudiera ver, obtener, modificar y regresar las modificaciones al creador del proyecto original. Aunque ningún empresario entonces le dió credibilidad comercial al proyecto y casi todos los comentarios de la industria consideraban el desarrollo como un mero hobby de estudiantes ociosos, en menos de dos años Linux, un flamante y robusto sistema operativo empezó a engendrar servidores Web por todos lados, para dar paso a la WWW o Web. Ya más de diez años después el ‘experimento‘ está cambiando al mundo y la forma en que circulan los billetes en la industria informática.

¿De que se mantiene Linux? Del trabajo de las personas que están metidas en su desarrollo. El liderazgo de facto del proyecto lo sigue llevando Torvald, ya toda una personalidad en estos días, pero para unirse al desarrollo solo se necesitan conocimientos de programación y sobre todo ganas de participar. Y si no en este proyecto hay literalmente miles de otros proyectos de código abierto en los que cualquiera puede participar. Todo este enorme depositorio de conocimiento está protegido por la licencia GPL que obliga a cualquiera que modifique el código original a devolverlo de forma abierta para que el resto de la comunidad pueda ver y evaluar las modificaciones. Muy listos, ¿eh? Esto evita que alguien más piratee el código para cerrarlo y venderlo como algo nuevo.

Por supuesto los gigantes de la industria de la computación no se han quedado sentados viendo como un montón de slackers les quitan un negocio multimillonario de las manos, pues ¿cómo pueden competir contra algo que es muy bueno, que funciona y que además no cuesta un solo centavo? Muchas han sido las tácticas que ha utilizado la industria para menospreciar, despreciar y hasta desprestigiar los esquemas de desarrollo de fuente abierta.

Una que me llama muchísimo la atención es que las empresas (norteamericanas) de software han empezado a llamar a los programadores de aplicaciones de código abierto comunistas. Según ellos, el desarrollo de software que no cobra por los productos que genera amenaza el modelo de negocio de sus empresas y amenaza con colapsar la economía si tienen éxito y se implantan en las empresas y hogares. Según esta línea de pensamiento, el software libre es una agresión de frente contra el capitalismo y la libre empresa, y solo puede terminar en anarquía y caos.

¿Qué hay de cierto en esto? Temo que no mucho. Aunque algunos de los más fervientes defensores del FOOS (Free/Open Source Software) tienen sus pies bien plantados en la teoría económica de Marx y Hegel -personalmente conozco a varios-, el asunto es que los desarrollos abiertos son una consecuencia directa de la comunicación libre, global e instantánea que gozamos en estos días gracias a la Web, no porque la comunidad quiera ‘poner el poder de cómputo en manos de pueblo’. El software libre, en mayor o menor grado fomenta el progreso, la apertura de comunicación, la transparencia y la independencia tecnológica de las personas, las empresas y los países. Si eso es atentar contra el capitalismo, así sea, pero no creo que sea algo malo.

Por supuesto, en Estados Unidos el término comunista es inmediatamente asociado a enemigo de la nación (gringa) o terrorista, después de años de adoctrinación durante la guerra fría entre EUA y la URSS. Los países que han optado por utilizar software libre –Brasil, Alemania, Francia, China, entre otros– han sido objeto de escrutinio por parte de los norteamericanos como si se estuvieran conviertiendo en enemigos potenciales.

Personalmente, apoyo activa y fervientemente (más no fanáticamente) el uso del software libre y creo que es una buena opción para un mundo que debe cambiar patrones y modelos económicos y de negocio que están desactualizados y caducos. Si esto me convierte en comunista ante los ojos de alguien, ni modo.

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