La Ciencia y sus Demonios

Leyendo historia universal resulta hasta un poco increible ver la cantidad de ridiculeces en las creían los abuelos de nuestros abuelos: desde que una bruja podía agriar la leche de una vaca con solo verla feo hasta que el Sol y el Universo giraban alrededor de la Tierra. Poco a poco y un paso a la vez el método científico (que yo llamo La Venganza de Galileo) han ido despejando estas sombras para mostrar la realidad detrás de suposiciones y supersticiones de siglos.

Si hay una cosa que creo por cierta es que la ciencia mató a Dios. Desterrados de este mundo las brujas, los gnomos y los diablos, salen sobrando también ángeles, dioses y paraísos terrenales. En solo unas cuantas generaciones las ciencias y sus aplicaciones en la vida diaria han transformado nuestra vida, y lo más importante: nos han dado (un poco de) certeza sobre nuestro lugar en el Universo, como escribía Carl Sagan en su libro El Mundo y sus Demonios.

El problema, al parecer, es que a la gente le gusta vivir en el engaño. Y ahora las nuevas fantasías populares están -aparentemente- basadas en la ciencia.

Resulta increíble -al menos para mí- la idolización que ha hecho la sociedad moderna sobre las celebridades de la televisión, el cine, la música y la política, como si fueran semidioses griegos en lugar de solo personas, y todo porque aparecen en TV. Ejércitos de fans siguen con pasión enfermiza las últimas estravagancias de la Brikny o la vida y milagros del presidente en turno, a los cuales hasta les rezan por un milagro. (¿Alguien se acuerda del niño del documental Super Size Me que al mostrale una imagen de Jesucristo lo identificó como George W. Bush?) Están también los remedios naturales milagrosos como el Calcio de Coral que cura la diabetes, el cáncer, la hipertensión y la vejez al mismo tiempo que aparecen por televisión como si fueran la segunda entrega de Prometeo a los mortales, mientras que el confesionario fue reemplazado por la línea psíquica de Walter Mercado que por unos pesos te dirá como ser feliz mientras interpreta tus sueños.

En el lado de los malos tenemos, por supuesto, el Internet y las computadoras: que si las PCs son instrumentos de espionaje del Gobierno (aún no se de cúal Gobierno), que si Bill Gates es el anticristo, que los Linuxeros somos comunistas o que hay que tener cuidado con las Legiones de Hackers Malvados que acechan dentrás de cada correo y página Web… esto dentro de un esquema mal armado -pero perfectamente bien comercializado- sobre los platillos voladores, los extraterrestres de Sirio y los Ángeles de las Pléyades, la ciencia creacionista, los complots gubernamentales, la dianética, el New Age, la histeria del Fin del Mundo, el Apocalipsis y otras necedades que andan sueltas por ahí y tenemos una nueva mitología en camino, donde los buenos se van a Disney World y los malos se quedan sin acceso a Internet.

El paradigma es el mismo de siempre: la plebe rinde culto a lo que le parece lindo y glamuroso y odia y repele lo que no entiende. Aquellos mismos demonios que la ciencia un día logró erradicar han vuelto disfrazados con tecnicismos y charlatanería.

¿Será que la responsabilidad de la certeza es tan abrumadora? ¿Podrá ser posible que, como dijo Henri Poincaré, “sabemos qué cruel es a menudo la verdad, y nos preguntamos si el engaño no es más consolador“?

Valiente siglo XXI…

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